sepia

 

 

Eres como bailar muy deprisa, aún me estás amaneciendo y eres sábana que cubres por encima al apagar mis pupilas a la vida;
mil paredes desnudas te honran, te imitan a su manera
vistiendo de soledad, cualquier estancia.
Eres, por no poder ser,
y tu ausencia llevadera, que es eterna, llena con sus tonterías los cajones de la mesa que se quedó en la cocina, mueble oscuro que observar desde una esquina y al que me he prohibido ver en tonos sepia.

amor también es cuando se ha ido.

 

 

 

 

sepia

por qué yo

 

¿Cada cuánto tiempo, un pez,

abre la boca
sintiendo
que ya no hay agua?

Cuánto peso, en realidad,
podríamos conservar,
como la gente feliz,
mientras  jugamos callados
a los pies del Fujiyama.

Morir viendo a las hormigas tan de cerca
que forman parte del cuerpo cuando colgamos de ramas,

y el asfalto es tan gris
que no quiero pisar sus escamas,
que me aleja de sirenas que no suenan
y a poco sabe el perfil;

verte con esas tijeras,
situó mi triste vida
pendiente de las fronteras.

Nada importo cuando no tengo importancia,
me sacaste del tablero
el día en que pude ver
tu sexo sobre el damero.

Qué más todo,
qué más da,

si confundo con mis canas
y tus manos no conservan

ni mi tiempo

ni tus ganas.

 

 

 

 

 

 

por qué yo

siria

 

 

El amor vuela en el aire con la triste aleación*

de atravesar a cualquiera,

se parece a la metralla de vivir en tierra santa:

“Amor adiós que saluda”;

sentimientos dando espalda a los más íntegros zagales;

a niños, con agujeros en el alma

que sangran viscosamente como el magma de la tierra.

 

La vida sepulta a cientos

bajo las piedras que observan -hacia arriba-,

preciosas puestas de sol;

mil arcadas, se apuntalan en el oro de una arena,

vomitando bajo el suelo

acueductos de Segovia en cualquier playa.

 

*de aleatorio, aleatoriedad.

 

“…no nos importas tres mierdas porque somos veganos.
No deseamos la muerte a seres vivos que jamás vamos a ver
y nos llenamos de dogmas feministas los bolsillos
mientras dejamos fregar a nuestras madres
los platos, que hacemos santos, con cerámica social”.
-¿Cuántas arcadas tiene un acueducto?-

_alfeeler 

 

 

 

 

 

siria

eh

 

Eh, tú, soy yo;

un traidor embustero y desarmado,

enemigo de mi infancia femenina,

anudador de muñecas, matarife

del sentido coetáneo de la vida;

pongamos las flores muertas en lugares preeminentes,

ellas lo comprenden todo con la punta de sus dedos

y el tiempo se va perdiendo.

Eras como una ensenada, viscosa, negra y oscura

donde nada me creció comiendo luz.

De repente, ya me hice mayor.

De repente te hiciste mujer con los ojos oscuros,

con tristura, hecha raíces en el iris.

La pubertad del cadáver de la vida, o te mata, o te enternece;

hay vacío en el poder contra tu querer vacío,

sentimientos peleando en estancias separadas,

inconexos,

oblongos,

perdidos;

derramando suciedad bajo la penas

y escupiéndome los Diegos a todo lo que te digo.

 

 

 

 

eh

tensión superficial

 

 

Barricadas en las sendas de elefantes,

policías en los quicios de las puertas. Te necesito

como superficie

para poder darle brillo a las nostalgias;

porque tú crees ser mala,

porque tú quieres ser mala,

olvidarte de carreras,

trabajar en algún bar y amarte contra cualquiera.

La vida siempre está a oscuras,

los gritos de árbol talado y el insecto que dormita por el día

te van a dejar muy sola, nadie quiere soportar

ser la luz que te alimenta; pocos te saben tan nada,

tan vegetal cuando miras

con la espalda engalanada.

En las plantas de los pies está tu fondo

sintetizando la luz para tocar con tus flores

los versos jamás pensados.

Versos que ciñan la rima a un cuerpo de piel temprana,

suficiente y superficie para poderle escupir

cada mañana.

 

 

 

tensión superficial

la copa y la despedida

 

 

Te estás convirtiendo

en la copa de un árbol.

Una bella, la distante, una extraña ya lejana,

ignorante de la hormiga

que admira todas tus ramas,

aun cuando trepa tus muslos,

sabiendo que no hay mañana.

 

Continuará, probablemente,

porque el cerebro no le va a servir de nada,

porque no intuye posible retirada

y porque ningún insecto

se va a cansar de tu alma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

la copa y la despedida