una vez solo

 

 

Sólo una vez solo.

Una vez.

Una, que es la misma zorra todo el tiempo.

Como árbol repetido a velocidad uniformemente acelerada;
como fecunda cadena que a veces me deja espacio para algo
y le intercalo tus bragas,        azul,        cielo.

Vengo de una orilla donde el mundo es cereal,
dispuesto a ver en tu espalda
la distancia dibujada de un pasillo
y deseando el placer de no tocarte.

Nunca estás porque no lo necesitas,
y yo ya no soy poeta
para jugar a arrancarte

las sonrisas.

 

 

 

 

 

 

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una vez solo

invocable

 

 

Yo te morderé las uñas cuando estés nerviosa,
estaré en cada lugar que tú estés sola,
te echaré de menos y unos cuantos puñados de tierra,
y taparé la tumba que te preparé
cuando los insectos me bailen la muerte.

Era primavera, o quizá no fuera,
pero olía a sexo
y a galán de noche cuando se masturba vestido de flores.

Fui distante del resto del mundo y no me hizo especial;
ser amante de tu reducción,
me hizo aún más pequeño, a los ojos de dios, en el punto final que saltó de un balcón.

Ahora llévame tú y utiliza mis cosas para hacerme sentir en el fondo de todo;
puede que al menos aprenda a rezarte llorando, al final,
hecho carne en más gente vulgar
que sueñe con poder amarte
bajo la piel de ese árbol, que es la vida.

 

 

invocable

la cajera

 

 

La cajera del súper se maquilla igual que la de antes,

los jueves hay mercadillo, los niños del quinto bajan

con estruendo la escalera,

calculando el riesgo y sin pensar en nada;

miles de cerrojos en miles de casas que nunca se cierran,

la tierra se duerme bajo el asfalto,

la vida camina sobre el pavimento, y se esconde todo el resto.

Todo parece normal.

El tren que sale a su hora con la gente que no sabe a dónde va,

las leyes del universo funcionando un día más, un rato al menos,

el aire me da en la cara y habiendo muerto hace días,

no veo el color del cielo pero intuyo que es azul, como el de ayer.

 

 

la cajera

yerro

 

El poder hecho impotencia de un deseo,

el querer como un fantasma

que manosea el volante             de la máquina oxidada;

el modus vivendi, carpe diem in veritas

que no lleva nunca bragas bajo falda,

faldas que vuelan cabezas         vuelan todas mis cabezas;

faldas de sábana blanca, que se tensa,

como el pasado que tiene

un objeto secuestrado bajo cama             y los insectos.

 

Dime con quién voy a hablar, si con quien pensé que estaba,

era una blanca pared donde estampaba mis golpes, sin pensar,

y pensando que escuchaba.

 

Amar es también confuso,
con dudas,
con miedos,
soledad y miedo el que dejan

los errores                      que no evito                               contemplar.

 

 

 

 

 

yerro

pasar

 

 

Huelo una silla vacía, un adiós

hecho marca en la pared y una mosca

en el cristal de la alacena,

culpo a los polos opuestos

que me obligaron a serte en el hueco que generan entre ambos, y a la vida,

que sólo va a saber dulce

si la devuelves después de verme muerto.

Abandona ya la cinta de los cien atardeceres

diligentemente bien rebobinada

y déjala que respire en un estante

mereciendo mejor vida y a su suerte.

 

 

 

 

 

 

 

 

pasar

tan solo caer

 

Tócame el alma con tus manos sucias,

haz objetos que te puedan penetrar,

y vamos siendo uno sólo,

al borde del precipicio,

escuchando los pecados cantados por la coral.

 

Míralos a ellos, mientras con mis trozos                  

consigues llorar al llegar al orgasmo de no importar nada,

y entonces, dejemos caer nuestros cuerpos al vacío,

y riamos al son de mil voces que canten conmigo,

cuán de indeseables somos.

 

 

 

 

 

 

 

tan solo caer