Súper [#realismo]

 

 

*En una oficina, de una productora:

-Bon día. ¿Has pasado por correos?

-No Alma, pensaba ir ahora.

-Tienes que ir.

-Vale. Pues, meo y me voy.

-¡No guapo! Hay que meterlo en sobres y poner las direcciones.

-¡Anda! Pues nada. Meo, y me pongo a meter.

En la ofi trabajaban cuatro chicas a parte de mí. Una mesa central muy grande atravesada desde abajo por cables gruesos albergaba cinco ordenadores que compartíamos.

Alma: la productora (productor hembra). Susana: una redactora y guionista. Belén: la guionista y ayudante de montaje. Felicia: otra redactora y guionista. Y yo: el ayudante de producción.

El descerebrado de sonido con sus rastas y los dos cameramans solo venían los días de grabación.

Allí a las dos ya se había ido todo el mundo.

Regresé a mediodía a la oficina tras pasearme con los sobres hasta la Plaza del Ayuntamiento. Encargué un bocadillo de Ibérico con tomate por teléfono y me metí enseguida en el baño. Me metí. Me metí. Después descerrajé la puerta. La abrí. La traspasé sudoroso y me senté en una silla a pensar en mi bocata. Lo pensé entero.

En una hora no quedó nada de nada y salí del garaje saludando con la mano desde el coche.

-¡Hasta ahora, Genaro!

-¡Hala! ¡Qué bien vives!

Eran las tres del mediodía y hasta las cuatro y media no se retomaba la actividad. Me fui después de comer a buscar mis vitaminas.

El supermercado de la droga era un sitio que salía mucho en los diarios. Era un lugar regentado por migrados que habían llegado hasta allí, nadando desde el centro de Valencia por el cauce de un río desangrado. Los fueron desplazando cauce arriba, y con ellos a nosotros, hasta que dimos con nuestros huesos en el término de un pueblo de extrarradio. El Ayuntamiento tampoco nos querría tener allí pero es que ya no había más río que remontar. En ese supermercado la variedad de referencias embolsadas sin etiquetas era bastante escueta. Apenas tres o cuatro de polvos enmarronados, y unas tres a lo sumo de piedras blancas para fumar. Bienvenido al supermercado.

Un enorme descampado tomado a golpe de bota entre los campos abandonados de naranjos deficitarios, alcanzaría si fuera para gentes de bien, la categoría de centro comercial, grande superficie o incluso nave industrial. Para nosotros era “Las cañas”.

El supermercado. Hombre contra natura.

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