Pedos.[#prose ·microBios]

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La tarde del día en que aquella confederada me dejó, me enganché una buena mierda con mi colega. El pasaje de cómo volvimos en moto desde la disco a la ciudad es tan surrealista y verosímil, que me resulta tan ajeno como si le hubiera pasado otra persona. Alguien me abre ventanas. La vida es tan curiosa como la manada de gatos que viven en casa de tu vecina la colgada. Yo estaba enamorado.

Bebimos cervezas toda la tarde como si fuésemos adultos, y un conocido le imprimió aceleración al proceso regalándonos un Rohipnol. Que amable. Gracias. Se nos durmió el bulbo. Bailamos. Creo. Todo pasó. Adiós Lee. Rosalía.

A la vuelta y pasados de idems, reventamos una rueda de la moto mientras íbamos en marcha, pero ese jodido Vespino nunca llegó a detenerse por tamaña nimiedad. Siguió y siguió con nosotros dos encima como si nada. Bueno, eso, y que yo no quería parar, porque tenía la impresión de que se hundiría la rueda trasera en el asfalto en cuanto me detuviera. Sensaciones. La moto patinaba de atrás como si fuera manejando un snowboard. Pero no paré. Bonzo me comentó al día siguiente que una pernera del pantalón le olía a orín. Estuvo convencido de que yo meé en marcha sacándome la polla sin detener la moto. Paranoias suyas. Yo de eso no me acuerdo.

-Hostias, hemos “pinchao”. Creo, o no. No sé.  -dije con mi eterno bascular.

-No sé tío  ¿Si o qué?

Me animó mucho ver que él tampoco lo tenía nada claro. Y continué.

Para cuando estábamos entrando a la ciudad, ya íbamos trotando más que en moto. Habíamos dejado la redondez de la rueda trasera, perdida en la carretera tres kilómetros atrás. La rueda ya no era una. Era ocho, y aunque mi casa estaba en cuanto entrabas en la urbe, alguien por mí decidió que tenía que llevar a Jon hasta la puta puerta de su casa en la calle Mayor con aquella especie de tractor de hojalata venido a menos, que caminaba a saltos como un bucanero borracho. Se tiró en marcha. No detuve la moto hasta que cayó desvencijada en el suelo de mi cochera. Alguien cuidaba de mí, no hay duda.

Muy pedo. Pero que puta. Muy. Pedo.

No recuerdo mucho más. Solo la sensación de que a partir de esa borrachera, yo rompí con otra porción del mundo, y con el sexo débil en general porque me había noqueado. La vida siempre te golpea con la vara de enseñar. Y la semana empezó con dolor.

Lee hizo eso conmigo. Y mucho más que yo aún no sabía.

 

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Pedos.[#prose ·microBios]

7 comentarios en “Pedos.[#prose ·microBios]

  1. Hace cuatro, pero fueron dos cabrones quienes al descuido me metieron una “roofie” en el vaso. Mamá vino a recoger mis 18 años y dos costillas rotas; las costillas eran lo menos desgarrado y roto que tenía. Tres días dormido y una semana llorando por cualquier cosa que veía u oía; por el color verde de una manzana verde, por ver como se iba creando el color verde antes de posarse en la palabra “verde”. Perdón por esta confesión humana, es que no supieron ejecutarme, así que después de todo no tuve tanta suerte. Ya está, eso es todo, así es la vida.

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    1. La vida no es la puta, las personas la retorcemos hasta hacer que le duela a alguien. Para mí, lo que te sucedió, también tiene su parte positiva. A la gente, en general, le es indiferente el verde de una manzana. Un saludo, y un placer verte. Gracias por tus palabras, siempre son positivas. Un abrazo.

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