Analógicas, miradas con las puntas de los dedos. #fotos #reflexión

Φ

Quiero contaros una cosa. Es un ‘detalle’ en una adolescencia hostil -en lo que a entornos se refiere al menos-, pero que comenzaba a impregnarse de un solitario crecer hacia adentro.

Unos años después de la guerra del golfo, la del padre del otro golfo al que se le cayeron las torres gemelas, yo tenía en Cullera un camello de color y musulmán. Malik Gaye. Marigay le llamaba yo. O Marvin Gaye cuando no se me trababa la lengua. Él me llamaba Coca, no recuerdo por qué. Un buen tipo que venía de vender bolitas que transportaba en la boca por las calles de Amsterdam. Fue un niño de la guerra en Mozambique y salió por patas hacia otros mundos. Solo. Con 16 años atravesó Africa entera con tres ‘niños’ más que jamás lo lograron. Escucharle estremecía. De los 10 a los 15 cree que mató a varios vecinos. No le juzgues, empatiza; es una de las mejores personas que se ha cruzado en mi vida. Ya no está. Me interesa mucho la gente maleta. La que lleva cientos de cosas bajo la piel incolora. Me interesa el interés.

Conservaba Malik en su casa, montones de periódicos de la guerra del petróleo. Yo siempre los ojeaba, y ese día, canjeé bisutería por un par de gramos de materia oscura y me llevé dos fotos del pasado. Algunas fotos me hablan.

One. Una soldado iraquí bajo una carpa en el desierto, estaba sentada en un jergón con una banda de honor repleta de balas doradas. Apoyaba sobre los muslos, como a un niño descansando horizontal, un arma reglamentaria. Sujetaba con su mano un espejito. En ese ambiente de polvo sanguirulento se pintaba la boquita. La insondable belleza del ying-yang, el bien y el mal de uniforme poniéndose guapa para morir entre besos de metal. Tenía la belleza recogida de las Persas ancestrales, una boca carnosa y unos ojos oscuros del tamaño de dos soles. Era preciosa. La imaginé cientos de veces con su rojo carmín gritando mientras disparaba al invasor de sus raíces. Aún se me pone dura. El blanco y el negro me gustan.

Two. Una carretera castellana flanqueada por el páramo nevado. Esta era ‘made in Spain’. Todo desolación y la vida en stand by. Siete estacas de madera con un sombrero de flores se desperdigaban sin ton ni son desde la cuneta, hasta alejarse y besar a la neblina. Día gris, exterior frío. Plásticamente, la foto sobrecogía. A mí me sobrecogió. Fechada en el 83, aquella imagen recogía la manera en que las aldeanas marcaban el lugar prohibido donde sabían que reposaban sus hijos y sus maridos. Ellas, sus flores y sus estacas, son la auténtica verdad de la memoria histórica. Sin más color que el del respeto a la sangre de sus muertos. Aún lloro por el alma esencial del animal humano. Me sobrecojo con las cosas que me vibran en el centro de mi cárcel-calavera.

Nunca estuve sentado junto a nadie que mirase las rendijas como yo, nunca he podido compartir del todo lo que soy. No sé lo que soy. Un sensible con el disfraz de hijoputa por coraza, un sin patria que se mete por los charcos y bucea en sus colores. Un tarado.

¿Quién me escucha?

Un beso.

Φ

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Analógicas, miradas con las puntas de los dedos. #fotos #reflexión

4 comentarios en “Analógicas, miradas con las puntas de los dedos. #fotos #reflexión

  1. Yo, por descontado, no tescucho, yo te leo lo más rápida que mi experiencia me hace capaz y te releo con la experiencia hecha firmes diluvios por córneas. Pero sin llorar. Un beso a Malik, a los labios de la primera foto y a cada tuya letra mordedura.

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  2. Gracias, me gustaría expresar la belleza y la sensibilidad que no se deja de tener ni en los charcos más hediondos. Solo hay que saber mirar, saber vivir, y poder regresar y contarlo a mi manera sin duda es la bola extra. Thanks a lot, bsts. =))

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  3. Mirar por las rendijas y vivir esos detalles, no es cosa común de hacer. Tu eres de una “especie especial” de repente quizás lo hago, pero con expresión diferente. Kitar con la punta de los dedos, es oi que te permite escribir como lo haces y a mí, leer con esas mismas puntas.
    A pesar de leerte, tambien te escucho, aún en el mas pidrido charco de la calle. Y en mi mente tienes una voz… si, te escucho.
    Abrazo QV.

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