inflexión #prose

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Buah! Os vais a cagar. Me ha dado por reflexionarme. Aviso.

Aún no me explico el porqué de mi comportamiento asilvestrado y huidizo de toda mi puta vida. Lo intento. Soy marciano desde siempre aunque la diferencia gorda la noté como a los 13. En el Insti y en el mundo de las antiguas pesetas. Mira, no voy a ser pedante, pero tampoco voy a ir de gilipollas con las falsas modestias. Es lo que hay. Lo primero que me dio fue revelarme contra los coñazos que nos hacía leer el loro de Lengua. Yo me desvirgué en casa con El viejo y el Mar y con el puto Holden saltando como un capullo por el Centeno hacía años. Con todos mis respetos, obligarnos a leer era un coñazo. Lo demás igual. El Inglés no, y las artes tampoco; eso se me salía por la punta. Tengo dos facilidades, el ver colores y arte hipnótico en las cosas de diario, y el oído musical. Con lo primero pintar es pan comido, y con el oído los idiomas se me quedan por sonidos, puedo generar melodías; incluso escribir poesía. Es ritmo. Tensión. Estribillo y percusión. Además de lo del oído y de captar sensaciones a color, también soy un moñas y un sensible. En Florencia lloré viendo las manos del David de Miguel Ángel -¿Y eso a qué viene?- Yo que sé.

A lo que voy. En 2º de BUP me dieron por bilingüe con un compi nicaraguense, que venía de estudiar en los coles americanos que crecían por allí, en los tiempos anteriores a Somoza. Un flipado. Un pedante, como yo. Negociamos un sobresaliente -pero con nueve, negociar es ceder-, y le evitamos a la Srta. Big Bang, el tenernos en su clase jodiéndole la marrana. Era gorda como el universo. ‘Quid pro quo’ dijo ella. ‘Quid por culo’ pensamos nosotros porque se la metimos doblada. Pues así con todo a partir de ahí. Un puto jipi. Me desvinculé de las cosas porque la vida me aburría y la gente era penosa. Me desvinculé de mi vida. Me desvinculé de los amigos. Me desvinculé del barrio y del piso con dos puertas. Me desvinculé de mis hermanos, de mi yaya y de mi perro.

Joder ¿¡Tan difícil era!? ¿¡No había un huequecillo para el tarado en vuestra puta sociedad, donde pudiera respirar!? No sé. Igual no. Igual me tuve que meter en la vida al otro lado, por ver si entre los mugrientos encontraba un agujero. Tampoco. Mira, me he dado de hostias hasta partirme la cara con cualquier mierda -no hablo de humanos, hablo de drogas-, he vivido en la calle, he robado varias cosas…, en fin, no voy a dar el coñazo.

That’s me. Alomejor tuve que pisar el otro lado, alomejor por tener el oído, y por ver todos los tonos de las vidas escondidas; de sus casas, de sus vicios, de sus coches y sus hijas; alomejor por ver los colores y por tener retenidas las fotos de los desiertos, hoy escribo poesías. La vida es rara. No es una puta caja de bombones como decía el mongolo que salió a correr por patas. Es rara. Y el chocolate -aunque sea un bombón-, no es un sustituto del sexo. Ni de coña.

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