mis tres meses de amor

 

Querida Lee, (Rosalí, Rosalía…, mi zorra Confederada, la generala)

Espero que puedas abrir esta carta y que te atrevas a leerla. Sólo quiero que leas cuánto te agradezco que me abriese esas puertas, hija de puta, y sobre todas las cosas quiero saber si cuando te fuiste de mi vera te importó. Qué mas dio. Ya ni estás en este mundo para poder hacerte un café y espolvorear canela sobre él. Como a ti te gusta. Me temo que se ha enfriado. Ni te imaginas lo que se me rompió y ni te imaginas lo que nunca te he contado; el junco que doblaste entre tus manos tenía el núcleo ya demasiado desordenado. Tú me viniste a salvar -eso pensé, y lo estúpido que fui- y estando yo tan sensible, pude ver el amor pasajero que dura la eternidad de un vuelo sin motores encendidos, la maquinaria en fricción acelerada, pero el vuelo silencioso del confeti de colores. Descubrí el Amor, y esa vez duró dos horas. Dos daños colaterales de matrimonios de porque sí, explotamos en un mundo acelerado libre al fin de las cadenas opresoras. Viva Zapata.

Me follaste como a un conejo deslumbrado por los focos de un camión. Me sacaste de ese mundo de partículas mentales en constante colisión, me diste aire y me lo robaste; clavaste amor en mis pieles y pude ver tu garganta -hasta la glotis- con el ojo que estalló inundado en felicidad acumulada.

Darle eso a una tormenta desatada en furia e incomprensión, fue como hacer ver la luz que ilumina a tus familiares muertos, justo al cumplir dieciséis. El resto del día si no iba drogado no era capaz de sentir más que odio y rencor. Nadie sabía nada y tú me lo enseñaste todo.

Solo quiero, que si has tenido valor para leerme hasta aquí, te empape el eterno agradecimiento que te profeso por haberme separado -en mi concepto del amor-, toda la paja del heno.

Sé que ya no estás, ni estás esperando a nadie al final de un tubo de pvc por el que salen los muertos que no saben ir atrás, no hay tubo, no hay tú y no hay yo que no sea todo el mundo. Al menos eso vi yo hace unos años. Solo vi grises y paz infinita sin los acúfenos que me mantienen tensionado. Me diste a penas duras tres meses en los que cambió el universo y su manera de expandirse.

Muchas gracias paliducha, ojalá existiera el tubo. Creo que siempre te he amado y te busco tras las puertas que voy abriendo a mi paso. Mientras pueda caminar.

Ya me voy, la bilis negra me aprieta y voy a tener que levantar un par de exclusas para dejar salir una pelota que palpita en mi garganta. Soy humano, de la rama de los sensibles atormentados.

Una fiesta más allá de unas costillas que contienen toda la rabia del mundo en su celda de castigo. Un inhumano.

LoveU.

Alfeel.

 

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