lastres. #vida #muerte

 

Por mucho que hubiese deseado compartir sus mierdas con él, nunca lo habría conseguido. Él no podía retener, no podía retenerse y no sabía de las cosas del amor si no se frotaba con ella. Eran la intersección de dos conjuntos vacíos. Una profunda y oscura desazón metida en un hueco de metal, al que si le daba la luz del sol del desierto, refulgía.

-Mola la habitación. Espera. Voy a bajar a por cervezas. En mi chaqueta hay maría. Yep, cojo la llave, ahora vuelvo, ¡no te duermas!  -sonó un portazo y dejó el silencio a su espalda.

Bajaba a pares los peldaños deslizando una mano por la barandilla; un por si las moscas que aprendió de niño escapando hasta la calle de las palizas de su padre. No podía permitirse tropezar mientras bajaba, sin tener ningún punto de apoyo.
Cruzó corriendo la carretera general. Corrió por la acera. Entró en el bar.

-Hola! Dos cervezas. Para llevar. No. Cuatro ¿Están frías? Pero ¿frías frías? Deme cuatro ¿Qué le debo?

Soltó diez pavos y salió corriendo como una mamá osa con sus cuatro crías en el regazo. Cruzó la carretera. Corrió. Atravesó el portal abierto de la pensión. Subió a saltos los peldaños y jadeando metió como pudo la llave en la puerta de la habitación 26.

Todo lo demás fue una noche preciosa llena de risas, de sexo con marihuana, de cervezas, de cigarros mojados en lágrimas de felicidad pasajera y de la misma esencia del universo encogido, estallando en colores dentro de una apestosa habitación de un hostal de carretera. Habían decidido follar allí, a siete kilómetros de la ciudad, porque ella salía con el hijo de un farmacéutico, y no querían herirse ni tampoco herir a nadie. Era su primera vez desde que la conociera el sábado anterior, pero él ya sabía que aquello iba a ser especial desde el jueves cuando la besó y le tocó las manos. Hicieron equipo de pruebas.

Él era el exceso y ella se bebió el viento por él, sin merecerlo. Al tercer año, ella también se enganchó tras tolerarle a él desde el principio, casi todo tipo de tropelías; él la amaba pero hacía tonterías. Al cuarto año de relación, él se escapó sin dejar notas, pero nunca la cortaron ni dejaron de ser uno hasta que regresó. Un año después. Cuando la vio, casi por casualidad, ella le pidió que la invitara. En en fondo de sus cuencas brillaba una lucecita tenue como la de un piloto de bicicleta. Nada de aquellas luces que necesitaban un cristal para filtrarla; nada de aquel azul violáceo que llenara toda las estancias. Nada de nada.

Hicimos el amor y nos vio todo un barrio. Eso ya lo he contado. 5 años y 39 días después, le dije que aquello se había acabado. No la volví a ver más, miento, la vi un día en dirección al barrio tres años después. Han pasado seis. Los dos enganchados seguimos nuestro camino en solitario, aunque yo ya empecé a terminarlo.
Ella siguió tristemente hasta cargarme su muerte en las costillas, sólo porque un día decidió copiar a su montón de huesos hijo de puta y amado. Una mierda para el amor.

Me estoy empezando a mojar y no llevo paraguas. Me voy a mi casa.
Soy el triste que vive solateras, el del primero puerta dos.

 

 

 

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lastres. #vida #muerte

4 comentarios en “lastres. #vida #muerte

  1. Cuántas cosas compartidas… dos conjuntos vacíos haciendo intersección del amor, a pesar de si mismos….

    La vida, la muerte deja registros… la tristeza, la alegría lo demuestran.

    Porqué el temor de cuela y paraliza lo que se puede sentir y desarrollar?

    Los lastres pesan por que no se concluyen…
    Las puertas quedan abiertas, el sentimiento vacío, el dolor a pierna suelta.

    Desde la esquina de mi imaginación, te invito a una sonrisa a pesar de la tristeza.

    Abrazo QV

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    1. Soy un tipo triste. No me he perdonado algunas cosas, no es muy mindfulnes, pero mi cabeza funciona como le da la gana. Por eso escribo, supongo. Porque tengo heridas y la tinta no hace más que intentar poner una venda temporal. Aún así, necesito estar muy vivo, si no me moriría. Tus reflexiones siempre son dulces, igual hasta ves belleza en un alma atormentada…, eso me gustaría. Un saludo cariñoso, y toda mi energía para que todo lo que pasa en tu precioso país, no llegue más que a romper para mejorar cuantas más vidas. Abrazo.

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      1. Como decía Neruda… “Estoy triste, pero siempre estoy triste”. Las vendas temporales de la tinta ponen al relieve tus heridas, y eso me conmueve. Siempre hay belleza por descubrir, aún debajo de los tormentos.
        Gracias por tus buenos deseos para mí país. Espero que sea así como lo dices.
        Te leo de cerca…. un abrazo.

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