Yo dejé ir a mi cuerpo.

QUERIDO 22,

Tan cárcel es el cuerpo para el alma
como el alma para el cuerpo.

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Una vez dejé ser libre a mi cuerpo.
Bailó con el viento.
Fue sombra del precipicio
cayó por si mismo
dio de comer a sus cuervos
y estos
– por una vez –
no le sacaron los ojos.

Una vez lo dejé que fuera él quien decidiera
que no hiciera uso de aquel innombrable que maneja
y ante el espejo dijo sí a quien era
y no a sus miedos.
Se dejó doblar y tembló
como la caña flexible que doblega al invierno
con su resistencia.
Él también mostró los dientes
y el frío fue solo la excusa perfecta
para robarle el calor a otro cuerpo
y hacer albornoz su cabello.

Cometió errores
y aprendió de ellos
sin castigo
sin tener que fustigarse con el recuerdo
ni clavarse agujas de tiempo por haber perdido
quizás demasiado

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2 comentarios en “Yo dejé ir a mi cuerpo.

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