exdie_otro salto #prose #PartOfAll

_un pasaje de ‘un alguien’ escrito con la sangre de los salpicados. un perdón.

 

_antecedentes.

“Gelo regresó ‘a casa’ tras un año vagando por ciudades lejos de sí mismo. Sus padres se habían mudado a un chalé en una urbanización de gente decente. Una tarde buscando drogas por la ciudad se encuentra con Mar en la misma empresa. Mar fue su líquido elemento y viceversa. Nunca lo habían dejado, fueron el amor de sus dos angulosas vidas pero esa tarde los ojos de Mar ya no miraban, estaban escondidos tras un montón de huesos y un vidrio acorazado. Subimos a follar a ‘mi chalé’ con un coche hurtado al pater. Delante del balcón abierto de mi habitación (en la planta noble y superior), se congregó una multitud viendo un castillo de fuegos festivos en el cielo. La fiesta de su puta madre. Mi luz encendida en el cuarto y la oscuridad de la noche hizo de mi balcón una pantalla improvisada de color X. Nos vio el barrio entero y alguna menor, y follar ‘ciego de confianza’ con un cuerpo al que adoras, puede ser muy desagradable a los ojos de un centenar de católicos practicantes. Además añado, que utilizaba a una vecina de 17 años para mis entradas y salidas. Era un cabrón sin mucha consciencia y la niña estaba enamorada del sinvergüenza”.

_’yo no he sido’_part of all.

 

Φ

Mar no se enteró de nada (del espectáculo erótico-festivo), que no fuera de lo mío dentro de ella y para cuando bajé la persiana, ya se había metido casi toda la mierda que habíamos comprado…,

y la vi en uno de los nichos que tengo debajo del parietal.

Cinco años de relación. Se murió en aquella cama. Aquello no fue follar. Recogí a las doce su cadáver en la tierra de nadie entre un hoy y el mañana mientras mirándola una vez más se me iba desdibujando su color anaranjado.

Antes de que bajara del coche, al regresar a la ciudad, le dije que todo se había terminado ese domingo 3 de mayo. Lo peor es que en cierto modo yo la maté. Literalmente. Ella fue durante tres años mi princesa de los Orfidales. Yo su triste caballero. Me salvó en un amanecer de domingo para acabar enganchada después conmigo, al cuarto año, por no ser yo capaz de vivir cuerdo. Yo permití que se enganchara. Puta vida. Me llamó muchas veces por teléfono durante todo el mes.

Lo siento. Perdón. Necesito un puto final porque ya soy un extranjero en cada rincón que escondes tras el pelo. Ya no nos reconocemos.

Mi familia es católica practicante, de derechas, conservadora -valga la redundancia-, y de un recto proceder. Para ellos el trabajo es algo muy enriquecedor y una persona buena es una persona ‘muy trabajadora’. La amoralidad, las drogas, las relaciones prematrimoniales, la música de Satán y las minifaldas, no tenían cabida en su reino de los cielos. Entiendo que no me quisieran por allí, no al menos en mi versión más suelta y desatada. Tenía 25 años y parecía que lo peor estaba siempre por llegar, era caótico y desinteresado en ambos sentidos, poco higiénico y muy, muy desordenado. Como los virgos de verdad. Había que hacer algo con aquella situación.

-Pero ¿tú?

-Joder, que la gente exagera, padre.

-¿Exagera?

Ni un año hacía que había vuelto del páramo. A ojos de mis padres quise ser un rehabilitado, pero no pude.

-Te traes a una puta a casa, y te la follas en el balcón…

-No era una puta.

-¿No? pues ya me dirás si no tienes coche, como no sea una de esas que llamas y viene a donde le digas…

-Es igual, tío, no me apetece explicarme.

-¡Claro! Al memo le da todo igual.

-Fue un accidente, y estábamos en la cama, no en el balcón.

-¿Y lo de Laila?

-Es Laia.

-¡Es hostias! ¡Es una niña que es la hija de nuestros amigos! ¡De nuestros vecinos! ¡Una menor! ¡Subnormal! A saber lo que le has hecho, hijo de Satanás.

Ya no dije ni una puta palabra más. Estaba harto, cansado, agobiado y dolorido por lo de Mar; me sentía pesado por la culpa y ya no podía ni respirar.

-¡Vas a matar a tu madre, degenerado…!

Es curioso lo bien que me sonaba cuando me lo llamaba Almudena en el ático de Claudio Coello (degeneraadooh!), y lo sucio y hediondo que sonaba en los labios de un padre enfadado, agotado, agobiado y dolorido por lo de un hijo descarriado.

Mi padre y yo nos pesábamos demasiado el uno para el otro.

-Así no podemos seguir -adujo. Ya te has dado a conocer en toda la urbanización.

-¿Ah, si? Qué bien. ¡Pues ese soy yo! ¡Una persona a medio hacer perdida y sola en una mierda de bosque desde los 11 años! ¡Una mierda, que no encuentra el puto agujero para desaguar…!
Estaba llorando, soy un melodramático y un tirano chantajista con los allegados.

En cierto modo era verdad que estaba arrepentido.
Los melodramas siempre me han hecho llorar.

La conclusión más evidente era que me tenía que marchar de allí. Yo no me quería en ese sitio y ellos tampoco, en un año había perdido definitivamente mi lugar en el nido y el vértigo de una vida incierta en el abismo estrangulaba mis dos pechos.
Ese chalé contaminado jamás fue mi casa.
Volví a saltar en marcha.

Me convertí, poco a poco, en ese hijo desaparecido durante años para seguir un eterno tratamiento de desintoxicación; me convertí en un enfermo crónico al que las gentes de buena voluntad, debían perdonar entre oraciones. Me salí de la vida y desde entonces siempre busco mi agujero para acurrucarme y dejarme acariciar.

Siempre prefería ser un marginal. Ahí aprendí a vivir desde los cimientos para llegar a ser hoy en día un humano sincero, sensible y marginado. Ya sé a lo que juego. Soy mi equipo.

Φ

 

 

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