_ a veces #prosa #reflexión

 

Soy metafísico y tengo glandes en la punta de los dedos.

Hoy he visto un accidente. En Valencia. En la Gran Vía. Llevo dos noches sin dormir más de tres horas; puedo con ello, ya lo he hecho muchas veces por motivos peregrinos. Hoy tenía una cita importante de las de planta dieciséis, un paquete de ilusiones y un librito de poemas para el viaje de tren. El miedo y el nerviosismo lo he trenzado a mis pelotas.
La vida es alucinante.
No siempre me pasan cosas.

Una chica se ha estrellado a una farola frente a mí. Esquivaba al de delante en un frenazo encadenado de diez metros iniciado en un semáforo futuro. La cabeza le ha bailado hasta las ingles y al regresar al inicio en vertical, algo le ha sonado dentro. Lloraba. Peatones en el radio, sólo yo; la hilera de autos-movibles siguió su curso legal. La gente no mira nunca a sus espaldas. Quien sufrió la colisión, quedó en la acera sentada con la espalda sostenida en la farola, la cabeza entre sus manos y las lágrimas saltando de su cara. He llamado al ciento doce, intenté tranquilizarla, y sujeté su mirada con ambas manos levantándole la cara.

“El cuello” me ha dicho ella, “tranquila” le he dicho yo. Pasé las manos despacio desde el cuello hasta detrás de su cabeza.

-¿Te duele? –le he preguntado.

-¡Mogollón! –me contestó.

Palpé sus cervicales con la punta de dos dedos. No tengo ni puta idea de de auxiliar a nadie en condiciones, sólo sé hacer compañía. Al intentar retirarlas preguntando si dolía la he mirado a esos ojillos que parecían cristal. Sujetó los antebrazos y me dijo que esperase con mis manos sumergidas en su llanto. El contacto de unas manos siempre calma.

No soy guapo en apariencia. No estoy bueno en apariencia. Sólo si lloro contigo me desnudo y se me ven las cicatrices, si sonrío, es de verdad, y si empatizo con algo es que conecto las bellezas que se esconden balo el pecho. He esperado a la ambulancia sujeto del ‘predicar tranquilidad’; agarrado con sigilo en ese cuello dolorido, rozaba bajo su oreja con pulgares y soplaba las gotitas que corrían por su cara. Nada más.
Y he llorado con ella sin que nos viera la vida.
Sólo estaban nuestras almas, la mía era más mimosa que cuando tengo alegría y reconfortó la suya con el calor de una empática caricia. Me dijo que le aliviaba, que siente menos dolor si le sujeto su cuello sin dejar de susurrarle con los dedos que se calme.

Ha llegado la ambulancia. Los dos besos y el abrazo que me ha dado al ponerle un collarín, me hacen volver a la vida con desgana. Siempre es mucho más bonito morir en dos ojos claros que se rompen y que piden que los mimes.

-Bueno, me voy, quedas en buenas manos.

-Me llamo Gema, dame tu teléfono.

-¿En serio? No hace falta.

Multitud de veces me sale el torpe social. Menos mal que siempre hay alguien que reconoce al imbécil de detrás, al del jardín en el culo y los colores que iluminan bajo el metal abollado. Menos mal que tenéis alma.

-¿Me vas a hacer llamar a urgencias y tratar de averiguar cuál es tu número teniéndote aquí delante?

Le he dejado un par de trozos de mi mañana importante, se ha grabado un par de cosas en su smart. Me da igual que nunca suene, he conectado con ella. Bueno. Mucho mejor si me llama, era guapa y sus orejas escuchaban a mis dedos. Todo sale desde adentro.
Debe tener treinta años. Casualmente es rubia también.

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11 comentarios en “_ a veces #prosa #reflexión

    1. Qué pacer que regreses, que me digas esas cosas y que disfrutes leyendo. Muchas gracias siempre a ti, mis palabras son ‘rayajos’ si no hay ojos que conecten con su alma, con el alma de las letras. Cuando lo cuelgo en las redes pierdo su paternidad y me anima que los cuides y que sientas su calor. Un placer que me visites cuando quieras. Muchas gracias y un abrazo. 😉

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  1. Conmovedora historia. Tras el impacto, el ángulo de visión estalla en pedazos. Frases y vidrios rotos que se recomponen a cada pedazo a modo de secuencias cinematográficas hasta llegar al plano corto, al detalle. Quien toca un cuerpo, de algún modo acaricia el alma. Esos dedos peninsulares, diez falos hiper sensibles como la piel más intíma de las partes íntimas del corazón. Un pálpito, una esperanza. Me encantó.

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    1. Esa es la idea, “el contacto de unas manos siempre calma”, los dedos y la boca conectan con el alma y te la empalman con muchos más tonos que cualquier frotamiento discotequero. El amor no es sólo sexo, ni el sexo siempre es amor; y aunque ambas cosas son geniales, con el clítoris del alma, siempre se corren los dos. Seas como seas, porque un alma no tiene forma. Un placer. Saludos!

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  2. Efectivamente, te superas día a día. Y aunque esté ahí ese rabioso ya no es tan patente, y veo cómo vas dejando la piel vieja en cada escrito, como una especie de purificación y de un nuevo renacer…te voy viendo aparecer.
    Por cierto, es un suceso real, verdad?
    Un abrazo

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    1. Soy tan marciano. Sí, es real. No ha sonado el móvil, eso también es real, aunque eso es lo de menos. Yo me traje cosas que le robé de sus ojos. Fue un poco más desagradable la cosa, y encima a las dos menos cuarto con un calor que pesaba tela, pero yo todo lo veo así si me miran unos ojos claros. Evoluciono como los malditos Pokemones y con orgullo de que haya ojos que me vean rebrotar de un montón de cenizas sobre cenizas. Gracias por mirarme, es muy gratificante y alimenticio. Un beso.

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