cuento

 

 

Me es fácil pintar el tiempo

porque puedo percibir el olor de sus colores.

Yo lo puedo recrear

porque es como una amalgama de sabores y fluidos

que no dejan que te olvides

después de haberlos sentido;

como el olor a jazmín de las infancias,

o el sabor de aquella leche con canela.

 

Eso queda de por vida.

 

Todo es una habitación;

dos amantes con las vendas en los ojos de mirar

que escudriñan sus adentros

buscando a las alimañas.

Todo es belleza interior asilvestrada.

Las mejillas y la estancia se sonrojan

mientras gotean deseos por la ventana cerrada

filtrando restos de amor hacia la calle.

Eso me voy a llevar,

y las luces de neón.

Los pedazos que se queden en el suelo,

los empujas con los pies, cuando dé el sol,

y los dejas que reposen, por si vuelvo, guardados bajo la cama.

 

 

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