soledad

 

No puedes pedirme peras

cuando con tu inexistencia

me atacas los claroscuros.

   Vas a hacer mi vida eterna, sin tu aliento.

Me penetras como un naipe entre costillas

sesgando la aprobación de un sentimiento,

y no sabes dónde bebo ni te importa el equipaje que perdí.

Es tu miedo el que me aterra;

todo ese caparazón que he moldeado

para dejarte vivir con tu deriva

y que busques el reposo en otros huesos.

Ya no sé, si no es llorarte;

ya no sé, si el aire gris que despeina tus cabellos

se ríe de lo que soy

por haber nacido sólo en cualquier parte.

Yo seguiré viviendo a la deriva

pensando en la zona franca que me acoja muerto en vida

sin diques de contención,

con muelles donde unas manos azuladas

acaricien la ternura de mi alma en oración

que no siente ese derecho a ser amada.

No recuerdo el punto cero, ni cómo he llegado aquí;

sólo sé, que mi ‘compaña’

ya no está en este camino que es vivir sin contrapesos.

 

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2 comentarios en “soledad

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