II revolución. Parte uno

 

 

“Otro amante choca contra el universo”.

Segunda Revolución.

Asesino a los mirones para sentarme en sus sillas, me convierto en agujero.
Comulgo con pan de ayer tragando el hálito hiriente de la desesperación,
y me sangran –como a ellos- los refulgentes embustes de la máquina del tiempo
amantando el clasismo,
me revelo a las sonrisas que te rasgan los bolsillos
para que puedas comprar los madrugones y transitar por el cauce
de una vida a bisturí bajo un sombrero de copa;
un sempiterno esconder de bragas sucias
con el tono y el color de los insectos que nos esconden la muerte.

Muerto tú.

Muerta ella.

Muerto él.

Y muertos con los amantes, los poemas de azotea
que hacen mueca en los cristales levantando las enaguas de las niñas.
Grotescos campos de penes con llantas de aleación
son el pasto del gusano de franela que proclama libertades sin costuras,
libertades de verdad, de las que dice la radio,
y donde están esperando a tus billetes
para que las consumamos todos en familia.

Segunda Revolución.

Ya no sentamos las bases, sentimos en base a doctos
que nos narran el poema meando sus tonos ocres para consumo inmediato
y dejando que se duerman por olvido con fecha y caducidad en hojas descoloridas.
Hojas de caducifolia.
Si la segunda es derrota, como lo fue la primera,
prefiero que me acompañes a los bares
y perdamos también ésta por pasarles cuanto antes el testigo a los que vengan,

y que a la de tres,

se mueran.

 

 

 

 

 

 

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