pasar

 

 

Huelo una silla vacía, un adiós

hecho marca en la pared y una mosca

en el cristal de la alacena,

culpo a los polos opuestos

que me obligaron a serte en el hueco que generan entre ambos, y a la vida,

que sólo va a saber dulce

si la devuelves después de verme muerto.

Abandona ya la cinta de los cien atardeceres

diligentemente bien rebobinada

y déjala que respire en un estante

mereciendo mejor vida y a su suerte.

 

 

 

 

 

 

 

 

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