Tiempos de cólera oscura.

 

Las mujeres como tú son siempre tú,

y yo te miro, consciente de que observando tus ramas

el bosque se difumina;

cada árbol, cada hierba, cada hoja, que respira,

va laminando mi carne con su filo, despojando de esqueleto

al ser insecto, al tiempo que

la grisura que devuelves, empuja mi no presencia

hasta una tumba.

Me cantarás cada noche,

y lágrimas afiladas clavarán mi seca piel de pergamino

tensada sobre los corchos que

han salido de arrancarle la corteza a otros amantes.

Y tú escribirás AMOR con púrpura y con un palo.

 

Tiempos de cólera oscura.

 

Árbol que exhala su muerte sujeto por las raíces donde respiran la mías;

sólo trepa humanidad por ese tronco: formaciones de negras obreras

custodiadas por cabezas de vigía,

hormigueos en el alma que me explotan en los ojos

entre orgasmos violentos;

nada llega hasta tus manos si tiene huesos o pies,

y jamás serán los míos; nada deja que

me acerque más allá de la distancia

que me permita leer

muerto sobre la hojarasca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tiempos de cólera oscura.

el tiempo, es de la muerte

 

 

Son los que apenas dudan de las cosas, ellos son los que bajan

a beber al río

en el que las bestias buscan la sombra de algunos dioses

que engrasen la maquinaria para que el tiempo no cese.

Y hay una pelota nueva hecha de trapos,

y de vidas y de dudas que malviven

dentro de los aparatos;

son los juguetes rotos con los que matan el tiempo entre engranajes.

Y los niños dan patadas al balón de nuestros trapos,

no les importa vivir

sobre las líneas de cal, aun sabiendo,

que es el tiempo de los nuestros el que pisan,

y aún sin saber que su vida

son sus juegos inocentes ya hechos viejos.

 

 

el tiempo, es de la muerte

plegarias

 

 

Una habitación bañada

con un luminoso fucsia, de neón,

huele a hierba

cuando sueltas tu melena.

*

Si mi tendencia es a cero,

es porque en dígitos largos

que mueven casas y coches,

no encuentro nunca a las ninfas

que desprenden tus colores;

no llego a tocar el cielo

si no puedo ser redondo

para enredar mis plegarias en tu pelo.

*

Poco importa que no mires a tu espalda,

ya me tienes anudado a la cintura,

y voy a estar vigilando tus tobillos

por si una tarde cayeras,

meterme entre tus dos muslos

y romperte la salud y los esquemas;

los enfermos nunca eluden su condena

y la fiebre que se trenza entre mis piernas

sólo la cura tu olor a primavera.

*

Es igual dónde repose tu cabeza,

en cuanto besa tu pelo entre los dedos

me da igual que seas tú

vestida de otra cualquiera.

Quiero desear tu cuerpo como si en realidad tú

quisieras mis poemas,

descansar mis erecciones en tu vientre y

condenarme a morir, en ese sueño,

en el que rozo

tu mejilla

con las yemas.

*

¿Que llevo las de perder?

¿Por qué no abrimos la verja?

 

plegarias

ser invesable

 

La zona oscura es tan plana como la luminosidad de las farolas,

afilada, metálica, y titilante.

Es el zumbido de gente caminando sin saber de dónde viene,

cuerpos que celestes me sonríen, pisando mi sombra.

Noto ese desmembramiento escondido entre lo verde,

y el resto de humanidad,

que se ama con sus hilos de saliva, ya no está.

Veo al bípedo asomarse, bípedo y naturaleza muerta,

todo ha sido muchas cosas, todas nada, en realidad.

Un hueco, que se hace hueco, en la escalera,

la pubertad del cadáver en el dorso de mi mano,

¡Cambie el clima, de una vez, para que caliente algo!

porque ya tengo ceniza, de dos dedos en la frente,

y sólo es un cambio climático

lo que pueda sucederme, de verdad.

 

 

 

 

 

ser invesable

crecer y morir

 

 

Asimilar la desdicha es alimento,

nutrientes para la rabia;

la frustración de la no pertenencia,

la fuga constante de hogares que huelen a pan,

a mujer herida, y a pañal.

Una silueta de papel entre los dos vacíos,

el de piel adentro, el de piel afuera,

la transparencia a los ojos de nadie.

Caminar pisando tiempo y dejando pasar vida,

para que al final la muerte

se lleve en las manos nada.

 

 

 

crecer y morir

hierba

 

 

Un poema

es un bosque de abetos,

un poema

es camino de arena,

cunetas y flores silvestres,

neumáticos,

niños de polvo;

velocidades

y brillos

de coños

y cuero.

Un poema

es la cama de hojas secas;

un poema

es el monte y su falda de hierba;

un poema

es el puente,

y el mundo,

y la gente,

y su pena…,

un poema es, simplemente,

el universo.

 

 

 

 

 

hierba