sepia

 

 

Eres como bailar muy deprisa, aún me estás amaneciendo y eres sábana que cubres por encima al apagar mis pupilas a la vida;
mil paredes desnudas te honran, te imitan a su manera
vistiendo de soledad, cualquier estancia.
Eres, por no poder ser,
y tu ausencia llevadera, que es eterna, llena con sus tonterías los cajones de la mesa que se quedó en la cocina, mueble oscuro que observar desde una esquina y al que me he prohibido ver en tonos sepia.

amor también es cuando se ha ido.

 

 

 

 

sepia

siria

 

 

El amor vuela en el aire con la triste aleación*

de atravesar a cualquiera,

se parece a la metralla de vivir en tierra santa:

“Amor adiós que saluda”;

sentimientos dando espalda a los más íntegros zagales;

a niños, con agujeros en el alma

que sangran viscosamente como el magma de la tierra.

 

La vida sepulta a cientos

bajo las piedras que observan -hacia arriba-,

preciosas puestas de sol;

mil arcadas, se apuntalan en el oro de una arena,

vomitando bajo el suelo

acueductos de Segovia en cualquier playa.

 

*de aleatorio, aleatoriedad.

 

“…no nos importas tres mierdas porque somos veganos.
No deseamos la muerte a seres vivos que jamás vamos a ver
y nos llenamos de dogmas feministas los bolsillos
mientras dejamos fregar a nuestras madres
los platos, que hacemos santos, con cerámica social”.
-¿Cuántas arcadas tiene un acueducto?-

_alfeeler 

 

 

 

 

 

siria

tensión superficial

 

 

Barricadas en las sendas de elefantes,

policías en los quicios de las puertas. Te necesito

como superficie

para poder darle brillo a las nostalgias;

porque tú crees ser mala,

porque tú quieres ser mala,

olvidarte de carreras,

trabajar en algún bar y amarte contra cualquiera.

La vida siempre está a oscuras,

los gritos de árbol talado y el insecto que dormita por el día

te van a dejar muy sola, nadie quiere soportar

ser la luz que te alimenta; pocos te saben tan nada,

tan vegetal cuando miras

con la espalda engalanada.

En las plantas de los pies está tu fondo

sintetizando la luz para tocar con tus flores

los versos jamás pensados.

Versos que ciñan la rima a un cuerpo de piel temprana,

suficiente y superficie para poderle escupir

cada mañana.

 

 

 

tensión superficial

Tiempos de cólera oscura.

 

Las mujeres como tú son siempre tú,

y yo te miro, consciente de que observando tus ramas

el bosque se difumina;

cada árbol, cada hierba, cada hoja, que respira,

va laminando mi carne con su filo, despojando de esqueleto

al ser insecto, al tiempo que

la grisura que devuelves, empuja mi no presencia

hasta una tumba.

Me cantarás cada noche,

y lágrimas afiladas clavarán mi seca piel de pergamino

tensada sobre los corchos que

han salido de arrancarle la corteza a otros amantes.

Y tú escribirás AMOR con púrpura y con un palo.

 

Tiempos de cólera oscura.

 

Árbol que exhala su muerte sujeto por las raíces donde respiran la mías;

sólo trepa humanidad por ese tronco: formaciones de negras obreras

custodiadas por cabezas de vigía,

hormigueos en el alma que me explotan en los ojos

entre orgasmos violentos;

nada llega hasta tus manos si tiene huesos o pies,

y jamás serán los míos; nada deja que

me acerque más allá de la distancia

que me permita leer

muerto sobre la hojarasca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tiempos de cólera oscura.

ser invesable

 

La zona oscura es tan plana como la luminosidad de las farolas,

afilada, metálica, y titilante.

Es el zumbido de gente caminando sin saber de dónde viene,

cuerpos que celestes me sonríen, pisando mi sombra.

Noto ese desmembramiento escondido entre lo verde,

y el resto de humanidad,

que se ama con sus hilos de saliva, ya no está.

Veo al bípedo asomarse, bípedo y naturaleza muerta,

todo ha sido muchas cosas, todas nada, en realidad.

Un hueco, que se hace hueco, en la escalera,

la pubertad del cadáver en el dorso de mi mano,

¡Cambie el clima, de una vez, para que caliente algo!

porque ya tengo ceniza, de dos dedos en la frente,

y sólo es un cambio climático

lo que pueda sucederme, de verdad.

 

 

 

 

 

ser invesable