tempus fugit [poema pretencioso]

 

 

Mira aquel punto fijo, es un final
o un aparte, quizá
das lo mismo
y lo mismo es nada
cuando te miro tras él.

Perecer no nos hace duraderos,
finalizar banaliza la gravedad que nos une a la tierra, y tú,
escondida en un punto final que asesina a mi escritura;
matas las ganas, matas las letras, matas las musas, y a mí

¿qué me dejas?

Un oscuro punto fijo del que sólo sale luz si te tumbas a mi lado,
una flor, en peligro de extinción, que me llevará hasta allí
para clavarme en la cruz, en el cruce de caminos,
dejándome verla seguir
mientras me salgo de plano.

 

 

 

 

 

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tempus fugit [poema pretencioso]

una vez solo

 

 

Sólo una vez solo.

Una vez.

Una, que es la misma zorra todo el tiempo.

Como árbol repetido a velocidad uniformemente acelerada;
como fecunda cadena que a veces me deja espacio para algo
y le intercalo tus bragas,        azul,        cielo.

Vengo de una orilla donde el mundo es cereal,
dispuesto a ver en tu espalda
la distancia dibujada de un pasillo
y deseando el placer de no tocarte.

Nunca estás porque no lo necesitas,
y yo ya no soy poeta
para jugar a arrancarte

las sonrisas.

 

 

 

 

 

 

una vez solo

invocable

 

 

Yo te morderé las uñas cuando estés nerviosa,
estaré en cada lugar que tú estés sola,
te echaré de menos y unos cuantos puñados de tierra,
y taparé la tumba que te preparé
cuando los insectos me bailen la muerte.

Era primavera, o quizá no fuera,
pero olía a sexo
y a galán de noche cuando se masturba vestido de flores.

Fui distante del resto del mundo y no me hizo especial;
ser amante de tu reducción,
me hizo aún más pequeño, a los ojos de dios, en el punto final que saltó de un balcón.

Ahora llévame tú y utiliza mis cosas para hacerme sentir en el fondo de todo;
puede que al menos aprenda a rezarte llorando, al final,
hecho carne en más gente vulgar
que sueñe con poder amarte
bajo la piel de ese árbol, que es la vida.

 

 

invocable

yerro

 

El poder hecho impotencia de un deseo,

el querer como un fantasma

que manosea el volante             de la máquina oxidada;

el modus vivendi, carpe diem in veritas

que no lleva nunca bragas bajo falda,

faldas que vuelan cabezas         vuelan todas mis cabezas;

faldas de sábana blanca, que se tensa,

como el pasado que tiene

un objeto secuestrado bajo cama             y los insectos.

 

Dime con quién voy a hablar, si con quien pensé que estaba,

era una blanca pared donde estampaba mis golpes, sin pensar,

y pensando que escuchaba.

 

Amar es también confuso,
con dudas,
con miedos,
soledad y terror que dejan

los errores                      que no evito                               contemplar.

 

 

 

 

 

yerro

adiós gracias [a las 3]

 

 

Siento placer en el sexo

cuando está apagado y muerto el cigarrillo de después.

 

Vivir besando hojas verdes de enormes libros dorados,

lamer parte de esa luz que ellas se comen

sacando brillo-saliva /

del morado que se crea /

bajo el ojo del ciclón/

 

El deseo de ascender hacia el abismo

es el trepar,

caer a troncos y muslos de mármol reptando en fila,

dibujando una espiral en el ascenso -por pura supervivencia-.

 

Todas las formas de amar son el dorso de la mano,

sucio y pálido silencio que me habita,

que te espera en los pasillos de un museo

careciendo de sentido

cuando ya está todo roto y confundido.

 

Entre el sexo musculado

no queda más que el color del asco que evoluciona

empujándome al pasado.

 

Adiós gracias.

 

 

 

 

 

adiós gracias [a las 3]

sepia

 

 

Eres como bailar muy deprisa,
aún me estás amaneciendo y eres sábana que cubres por encima
al apagar mis pupilas a la vida;
mil paredes desnudas te honran, te imitan a su manera
vistiendo de soledad, cualquier estancia.
Eres, por no poder ser,
y tu ausencia llevadera, que es eterna, llena con sus tonterías los cajones de la mesa que se quedó en la cocina,
mueble oscuro que observar desde una esquina
y al que me he prohibido ver en tonos sepia.

amor, también es cuando se ha ido.

 

 

 

 

sepia

siria

 

 

El amor vuela en el aire con la triste aleación*

de atravesar a cualquiera,

se parece a la metralla de vivir en tierra santa:

“Amor adiós que saluda”;

sentimientos dando espalda a los más íntegros zagales;

a niños, con agujeros en el alma

que sangran viscosamente como el magma de la tierra.

 

La vida sepulta a cientos

bajo las piedras que observan -hacia arriba-,

preciosas puestas de sol;

mil arcadas, se apuntalan en el oro de una arena,

vomitando bajo el suelo

acueductos de Segovia en cualquier playa.

 

*de aleatorio, aleatoriedad.

 

“…no nos importas tres mierdas porque somos veganos.
No deseamos la muerte a seres vivos que jamás vamos a ver
y nos llenamos de dogmas feministas los bolsillos
mientras dejamos fregar a nuestras madres
los platos, que hacemos santos, con cerámica social”.
-¿Cuántas arcadas tiene un acueducto?-

_alfeeler 

 

 

 

 

 

siria