adiós gracias [a las 3]

 

 

Siento placer en el sexo

cuando está apagado y muerto el cigarrillo de después.

 

Vivir besando hojas verdes de enormes libros dorados,

lamer parte de esa luz que ellas se comen

sacando brillo-saliva /

del morado que se crea /

bajo el ojo del ciclón/

 

El deseo de ascender hacia el abismo

es el trepar,

caer a troncos y muslos de mármol reptando en fila,

dibujando una espiral en el ascenso -por pura supervivencia-.

 

Todas las formas de amar son el dorso de la mano,

sucio y pálido silencio que me habita,

que te espera en los pasillos de un museo

careciendo de sentido

cuando ya está todo roto y confundido.

 

Entre el sexo musculado

no queda más que el color del asco que evoluciona

empujándome al pasado.

 

Adiós gracias.

 

 

 

 

 

adiós gracias [a las 3]

tensión superficial

 

 

Barricadas en las sendas de elefantes,

policías en los quicios de las puertas. Te necesito

como superficie

para poder darle brillo a las nostalgias;

porque tú crees ser mala,

porque tú quieres ser mala,

olvidarte de carreras,

trabajar en algún bar y amarte contra cualquiera.

La vida siempre está a oscuras,

los gritos de árbol talado y el insecto que dormita por el día

te van a dejar muy sola, nadie quiere soportar

ser la luz que te alimenta; pocos te saben tan nada,

tan vegetal cuando miras

con la espalda engalanada.

En las plantas de los pies está tu fondo

sintetizando la luz para tocar con tus flores

los versos jamás pensados.

Versos que ciñan la rima a un cuerpo de piel temprana,

suficiente y superficie para poderle escupir

cada mañana.

 

 

 

tensión superficial

el tiempo, es de la muerte

 

 

Son los que apenas dudan de las cosas, ellos son los que bajan

a beber al río

en el que las bestias buscan la sombra de algunos dioses

que engrasen la maquinaria para que el tiempo no cese.

Y hay una pelota nueva hecha de trapos,

y de vidas y de dudas que malviven

dentro de los aparatos;

son los juguetes rotos con los que matan el tiempo entre engranajes.

Y los niños dan patadas al balón de nuestros trapos,

no les importa vivir

sobre las líneas de cal, aun sabiendo,

que es el tiempo de los nuestros el que pisan,

y aún sin saber que su vida

son sus juegos inocentes ya hechos viejos.

 

 

el tiempo, es de la muerte

el lado oscuro

 

 

Es esta puta ciudad, y sus coños con los líquidos neones
follándose a cada muerto con una inyección letal,
violación cada noche por penes de buen tallaje
que lanzarán los birretes al terminar de correr,
caza mayor programada,
trileros cambiando madres por mujeres;
no aprenden a programar sus lavadoras,
no intentan hacerse nunca de comer,
mejor pagan con dinero y posición a sus esclavas
proclamando cuánto aman a sus muebles
y asegurando cajones donde guardar su camada.

Deformidades que estallan juventud,
simulacros de persona que no saben hacer camas…,
me da pena que princesas tan hermosas,
se metan en bocas muertas que gritan por la mañana
la posición del tablero en vidas de folletín.
Ya nadie sabe volar, nadie desnuda su cuerpo
sin tener suelos flotantes y calefacción central.

Las putas no son lo que eran.

 

 

 

 

 

 

el lado oscuro

animales

De venenos salivares ya se habló,
se habló de masturbaciones sometidas al espacio craneal
y de amor que sí que vive en el espacio
entre dos líneas paralelas…,
he escuchado tantas cosas sin tu voz.

Me da miedo fracturarme entre tus besos,
punta de lápiz rojo bermellón, púrpura sabor a hierro,
deslices bajo una falda sorbiéndote con la leche de mañana,
pies de foto explicativos donde sujeto un tobillo
con un aguacero dentro.

Mi plasticidad enlaza movimientos enfrentados contra tú,
encontrado, azotado, invertebrado y sin voz
bajo la piel del tambor; tatuajes bajo los labios
que se leen con la punta de la lengua, y en sonidos guturales;
suave terciopelo rosa empapado de furiosas menstruaciones,
y el colapso perfilándose en mi frente, ya no estoy;
cruces de muslos sin ti, que le dan curva al orgasmo
hasta que logro mancharte en las baldosas.

animales

ternura uno

 

 

Vuelvo a sentirme un juguete
para colgarme de un puente
como el día en el que tuve dieciséis.

Descolgué la parte rota del muñeco
cuando muchas primaveras me dejaron esas marcas en la piel.

Supe tan pronto lo vi, que si aquello no era amor,
en el solar de mi vida, donde vive una amapola rojo sangre
y se atornillan las conductas primigenias, no podría
respirar con suficiencia sin morder su corazón,
me vale que me acaricies en el pelo;
me vale que puedas ser, tan a la vez,
juguete inerte sin pilas al que buscarle el espíritu en el bies,
y castigo, de tono inmisericorde
por querer comerme todo lo que es.

Ya ves.

La ternura, cuando es tierna, se hace oscura,
se clava en esa porción atemporal del instante en el que aún no la he lamido;
es la punta de mis dedos estirados que lloran por el contacto de tu piel,
que buscan amamantarse del pezón
con que me miras distante,
y que derraman su llanto sobre el vientre desolado
de un orgasmo sin contacto.

Amar es revolución, saltarse las barandillas
y jugar con las sirenas que guardo por los cajones.

Ya cambió el centro del mundo. Mi ombligo ya no es el mío.
Todo es tú, en una deriva,
antes (incluso del antes), de haber caído en el río.

 

 

 

 

 

 

ternura uno

alimañas·ii

 

 

Salamandra es la lascivia pegada a la piedra fría,

la que excita el aleteo del insecto

al que marginan las ciencias naturales.

 

Sexo sin ningún pasado que improvisa en espiral,

usa más de mil martillos

clavando listas escritas sobre piel;

ordenes para trepar

por las aristas heladas de tu cuerpo

y pellejos de lagarto

para seguir adherido a tus paredes.

 

La nada calienta sangres,

y el pulso de una muñeca siempre es débil;

flujo y reflujo de savia con viscosidad azulada

que trenza lágrimas grises,

para derramar orgasmos

sobre los fecundos campos de labranza.

 

Vibran todos los fluidos

metidos en los trasteros,

bombean las maquinarias,

frotando pistones blandos

contra las celdas heladas

donde te brillan los ojos.

 

Hazte de sabor a fresa y contágiame saliva de tu boca;

llévame bajo las uñas y comparte mi adn,

mezclándolo en tu interior,

con la líquida memoria del cadáver.

 

 

 

 

 

alimañas·ii