por qué yo

 

¿Cada cuánto tiempo, un pez,

abre la boca
sintiendo
que ya no hay agua?

Cuánto peso, en realidad,
podríamos conservar,
como la gente feliz,
mientras  jugamos callados
a los pies del Fujiyama.

Morir viendo a las hormigas tan de cerca
que forman parte del cuerpo cuando colgamos de ramas,

y el asfalto es tan gris
que no quiero pisar sus escamas,
que me aleja de sirenas que no suenan
y a poco sabe el perfil;

verte con esas tijeras,
situó mi triste vida
pendiente de las fronteras.

Nada importo cuando no tengo importancia,
me sacaste del tablero
el día en que pude ver
tu sexo sobre el damero.

Qué más todo,
qué más da,

si confundo con mis canas
y tus manos no conservan

ni mi tiempo

ni tus ganas.

 

 

 

 

 

 

por qué yo

la copa y la despedida

 

 

Te estás convirtiendo

en la copa de un árbol.

Una bella, la distante, una extraña ya lejana,

ignorante de la hormiga

que admira todas tus ramas,

aun cuando trepa tus muslos,

sabiendo que no hay mañana.

 

Continuará, probablemente,

porque el cerebro no le va a servir de nada,

porque no intuye posible retirada

y porque ningún insecto

se va a cansar de tu alma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

la copa y la despedida

Tiempos de cólera oscura.

 

Las mujeres como tú son siempre tú,

y yo te miro, consciente de que observando tus ramas

el bosque se difumina;

cada árbol, cada hierba, cada hoja, que respira,

va laminando mi carne con su filo, despojando de esqueleto

al ser insecto, al tiempo que

la grisura que devuelves, empuja mi no presencia

hasta una tumba.

Me cantarás cada noche,

y lágrimas afiladas clavarán mi seca piel de pergamino

tensada sobre los corchos que

han salido de arrancarle la corteza a otros amantes.

Y tú escribirás AMOR con púrpura y con un palo.

 

Tiempos de cólera oscura.

 

Árbol que exhala su muerte sujeto por las raíces donde respiran la mías;

sólo trepa humanidad por ese tronco: formaciones de negras obreras

custodiadas por cabezas de vigía,

hormigueos en el alma que me explotan en los ojos

entre orgasmos violentos;

nada llega hasta tus manos si tiene huesos o pies,

y jamás serán los míos; nada deja que

me acerque más allá de la distancia

que me permita leer

muerto sobre la hojarasca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tiempos de cólera oscura.

valor, se le supone

 

 

Amor atado a una silla con dos nudos de garganta,

se filtra entre las costillas

para morir en tu alfombra,

dejando manchas de un ser que te desea.

Confieso que amo esa voz;

que me hago orgasmo en la mano,

y que el menguante sentido de la vida,

carece entonces de él.

 

La muerte entre los dos muslos mientras la tristeza sea,

licor de las flores raras, que se secan,

sentimientos escupidos en tus letras…

 

Luego bebo una cerveza, y te leo, si estás quieta,

llorando por ese orgasmo que te guardas en la lengua,

mientras follo pensamientos con el color de tus bragas,

que tan a poco me saben, siendo más, de lo que llega.

 

 

 

 

 

 

 

valor, se le supone

pura

 

 

La fresa se deshilacha y yo te espero,
todo parece normal si lo miro desde lejos.
Tu cuerpo es punto de fuga;
estoy seguro de amarte
porque siento ese vacío;
porque el tiempo no es la carne,
y el espacio entre dos puntos, es los puntos.

Realismo maleable que me lleva a ser niñez en la maceta,
mi sexo no tiene sexo cuando sana las heridas,
cuando te recojo el pelo,
cuando hidrato mis pellejos con el aire de tu voz…,
yo seguiré levantado, por si un día
se te ocurriera abrazarme.

Ojalá no tuvieras un cuerpo,
ni un tiempo,
ni un sexo…,
ojalá poder amarte desde un tiesto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

pura