tempus fugit [poema pretencioso]

 

 

Mira aquel punto fijo, es un final
o un aparte, quizá
das lo mismo
y lo mismo es nada
cuando te miro tras él.

Perecer no nos hace duraderos,
finalizar banaliza la gravedad que nos une a la tierra, y tú,
escondida en un punto final que asesina a mi escritura;
matas las ganas, matas las letras, matas las musas, y a mí

¿qué me dejas?

Un oscuro punto fijo del que sólo sale luz si te tumbas a mi lado,
una flor, en peligro de extinción, que me llevará hasta allí
para clavarme en la cruz, en el cruce de caminos,
dejándome verla seguir
mientras me salgo de plano.

 

 

 

 

 

Anuncios
tempus fugit [poema pretencioso]

estética

 

 

Jamás hubo nada más bello

que la soledad de una flor silvestre en un campo de minas;

ni las cromáticas ondas

que dibujan paisajistas holandeses

con cientos de tulipanes de colores,

ni la bulliciosa huída

de la colonia de hormigas

en busca del alimento de la vida.

 

Nadie pudo poner precio a la belleza.

 

Si ningún surrealista

la ultraja sobre la tela de su obra,

no podrá marchante alguno

tasar lo que no se pinta.

Muere sola, la belleza,
vive sola en compañía.

 

 

 

 

 

 

estética

una vez solo

 

 

Sólo una vez solo.

Una vez.

Una, que es la misma zorra todo el tiempo.

Como árbol repetido a velocidad uniformemente acelerada;
como fecunda cadena que a veces me deja espacio para algo
y le intercalo tus bragas,        azul,        cielo.

Vengo de una orilla donde el mundo es cereal,
dispuesto a ver en tu espalda
la distancia dibujada de un pasillo
y deseando el placer de no tocarte.

Nunca estás porque no lo necesitas,
y yo ya no soy poeta
para jugar a arrancarte

las sonrisas.

 

 

 

 

 

 

una vez solo

invocable

 

 

Yo te morderé las uñas cuando estés nerviosa,
estaré en cada lugar que tú estés sola,
te echaré de menos y unos cuantos puñados de tierra,
y taparé la tumba que te preparé
cuando los insectos me bailen la muerte.

Era primavera, o quizá no fuera,
pero olía a sexo
y a galán de noche cuando se masturba vestido de flores.

Fui distante del resto del mundo y no me hizo especial;
ser amante de tu reducción,
me hizo aún más pequeño, a los ojos de dios, en el punto final que saltó de un balcón.

Ahora llévame tú y utiliza mis cosas para hacerme sentir en el fondo de todo;
puede que al menos aprenda a rezarte llorando, al final,
hecho carne en más gente vulgar
que sueñe con poder amarte
bajo la piel de ese árbol, que es la vida.

 

 

invocable

yerro

 

El poder hecho impotencia de un deseo,

el querer como un fantasma

que manosea el volante             de la máquina oxidada;

el modus vivendi, carpe diem in veritas

que no lleva nunca bragas bajo falda,

faldas que vuelan cabezas         vuelan todas mis cabezas;

faldas de sábana blanca, que se tensa,

como el pasado que tiene

un objeto secuestrado bajo cama             y los insectos.

 

Dime con quién voy a hablar, si con quien pensé que estaba,

era una blanca pared donde estampaba mis golpes, sin pensar,

y pensando que escuchaba.

 

Amar es también confuso,
con dudas,
con miedos,
soledad y terror que dejan

los errores                      que no evito                               contemplar.

 

 

 

 

 

yerro

rutinas

 

 

Describo círculos excéntricos y los bailo en la Plaza Mayor,

dejo huellas bajo el árbol que filtra la luz del sol

como el insecto que siempre queda en tierra, bajo ella,

o sobre su pubertad;

el pueblo no los verá porque son el holograma de la vida,

se deleitarán cantando lo bello del interior

mientras escupen mentiras con los brillos de un domingo,

maquillados y riendo en las ventanas.

 

Ya trovo por no llorar mientras giran vidas extra,

porque si grito con rabia

es el fin para el recuerdo que a mí me dibuja el sentido,

uno que no se grabó entrepiernas

pero tiene la piel clara y cristalina

y una mirada que brilla

desde el fondo de un pasillo que se esfuma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

rutinas

por qué yo

 

¿Cada cuánto tiempo, un pez,

abre la boca
sintiendo
que ya no hay agua?

Cuánto peso, en realidad,
podríamos conservar,
como la gente feliz,
mientras  jugamos callados
a los pies del Fujiyama.

Morir viendo a las hormigas tan de cerca
que forman parte del cuerpo cuando colgamos de ramas,

y el asfalto es tan gris
que no quiero pisar sus escamas,
que me aleja de sirenas que no suenan
y a poco sabe el perfil;

verte con esas tijeras,
situó mi triste vida
pendiente de las fronteras.

Nada importo cuando no tengo importancia,
me sacaste del tablero
el día en que pude ver
tu sexo sobre el damero.

Qué más todo,
qué más da,

si confundo con mis canas
y tus manos no conservan

ni mi tiempo

ni tus ganas.

 

 

 

 

 

 

por qué yo