adiós gracias [a las 3]

 

 

Siento placer en el sexo

cuando está apagado y muerto el cigarrillo de después.

 

Vivir besando hojas verdes de enormes libros dorados,

lamer parte de esa luz que ellas se comen

sacando brillo-saliva /

del morado que se crea /

bajo el ojo del ciclón/

 

El deseo de ascender hacia el abismo

es el trepar,

caer a troncos y muslos de mármol reptando en fila,

dibujando una espiral en el ascenso -por pura supervivencia-.

 

Todas las formas de amar son el dorso de la mano,

sucio y pálido silencio que me habita,

que te espera en los pasillos de un museo

careciendo de sentido

cuando ya está todo roto y confundido.

 

Entre el sexo musculado

no queda más que el color del asco que evoluciona

empujándome al pasado.

 

Adiós gracias.

 

 

 

 

 

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adiós gracias [a las 3]

otro adiós

 

 

Me duele verte en la boca de otros poetas,
sé que no eres absolutamente nada,
pero me comes el tiempo y los días soñando
con oírte respirar.
Es como amar al mirar a una sirena,
no puedes follar con ella y eso genera deseos,
no pinto de frustración
lo que es simplemente cuántica de amor.
Amar es con lo profundo de quien se sabe en un pozo,
un recuerdo, que del útero industrial
daba a luz almas gemelas.
No sé, siquiera, si es bueno.

Amor. En amor.
Ficción. Obsesión.
Deseo. Posesión.
Conquista. El sexo como herramienta de trabajo
para obtener placer y reputación. Mala, si el género es maternal,
y eso a mí qué más me da.
Yo amo el sexo del delante, y el de después del durante,
lo mecánico jamás me ha preocupado si no es física de cuerdas
y de planos inclinados.
Soy así de gilipollas. Me interesas en persona,
en esencia, en lo que ves y lo que lees,
la belleza no se palpa casi nunca,
soy un mero observador
al que tus fueros internos
no hacen más que desplazar.

Y poco más.

Que ya me voy.

Ya no tienes que ignorarme.

 

 

 

 

 

 

 

 

otro adiós

uno solo

 

 

Me da igual que no lo sientas,

yo siento delicadeza al escribirte,

al amar cada palabra que contenga un gesto tuyo,

al tumbar sobre el papel

lo que escondes bajo el polvo

del vello de cualquier parte de tu cuerpo

que no cabe en una flor.

 

Nada ni nadie es tu cuerpo;

una vez te vi las ingles

y cayeron en mis hombros los tiempos en que no estabas.

 

Y supe que quiero morir en esa parte de ti,

en paisajes congelados en postales

colgándome con tus bragas en un hilo

y soñando amamantarme de tu ser

con dos libros deshojados por el suelo.

 

 

 

 

uno solo

No compres (haz lo que te de la gana) #libros

 

Φ

Un tipo que mata a un Dragón para salvar y comerle las perdices a una princesa acristalada, a la que ofrecían en prenda para que la bestia respetase a los demás aldeanos, es una alegoría que me levanta pocas cosas. Pero no le jodamos el día, por lo visto se tiró a la princesa y lo hicieron santo. Esto último me lo he inventado.

Las Ramblas de Barcelona en la Diada de Sant Jordi, se sacuden las prisas y a los camellos y se visten de puestos y libros, y rosas, y gente, y de risas con molinillos de viento.

I belive It’s Magic…

Me he comido tres, una de las cuales fue vendiendo rosas. Ni preguntes. En otra me llevaban de la mano y me regalaron del puesto en el suelo, un libro arrugado que le truequeamos al anciano de la gorra, que tantas dificultades debía tener para poder afeitarse. 2’50. Schopenhauer. Yo no le compré una rosa. A las doce de la noche vino un yonky a su apartamento y tras colarse en el portal, dejó sobre el felpudo todas las rosas que pudo encontrar de desecho en la floristería. Bajó y llamó al fonoporta. Le juré que si no eran las doce y un minuto cuando llamaba, no le iba a bajar los 20 euros. Yo soy raro. Una de mis rebeldías, es que en los Días de Oro no suelo comprar jamás la joya.

La otra vez que he estado en Sant Jordi estaba solo. No compré libro ni rosa. No ese día.

Φ

No compres (haz lo que te de la gana) #libros