por qué yo

 

¿Cada cuánto tiempo, un pez,

abre la boca
sintiendo
que ya no hay agua?

Cuánto peso, en realidad,
podríamos conservar,
como la gente feliz,
mientras  jugamos callados
a los pies del Fujiyama.

Morir viendo a las hormigas tan de cerca
que forman parte del cuerpo cuando colgamos de ramas,

y el asfalto es tan gris
que no quiero pisar sus escamas,
que me aleja de sirenas que no suenan
y a poco sabe el perfil;

verte con esas tijeras,
situó mi triste vida
pendiente de las fronteras.

Nada importo cuando no tengo importancia,
me sacaste del tablero
el día en que pude ver
tu sexo sobre el damero.

Qué más todo,
qué más da,

si confundo con mis canas
y tus manos no conservan

ni mi tiempo

ni tus ganas.

 

 

 

 

 

 

por qué yo

siria

 

 

El amor vuela en el aire con la triste aleación*

de atravesar a cualquiera,

se parece a la metralla de vivir en tierra santa:

“Amor adiós que saluda”;

sentimientos dando espalda a los más íntegros zagales;

a niños, con agujeros en el alma

que sangran viscosamente como el magma de la tierra.

 

La vida sepulta a cientos

bajo las piedras que observan -hacia arriba-,

preciosas puestas de sol;

mil arcadas, se apuntalan en el oro de una arena,

vomitando bajo el suelo

acueductos de Segovia en cualquier playa.

 

*de aleatorio, aleatoriedad.

 

“…no nos importas tres mierdas porque somos veganos.
No deseamos la muerte a seres vivos que jamás vamos a ver
y nos llenamos de dogmas feministas los bolsillos
mientras dejamos fregar a nuestras madres
los platos, que hacemos santos, con cerámica social”.
-¿Cuántas arcadas tiene un acueducto?-

_alfeeler 

 

 

 

 

 

siria

tensión superficial

 

 

Barricadas en las sendas de elefantes,

policías en los quicios de las puertas. Te necesito

como superficie

para poder darle brillo a las nostalgias;

porque tú crees ser mala,

porque tú quieres ser mala,

olvidarte de carreras,

trabajar en algún bar y amarte contra cualquiera.

La vida siempre está a oscuras,

los gritos de árbol talado y el insecto que dormita por el día

te van a dejar muy sola, nadie quiere soportar

ser la luz que te alimenta; pocos te saben tan nada,

tan vegetal cuando miras

con la espalda engalanada.

En las plantas de los pies está tu fondo

sintetizando la luz para tocar con tus flores

los versos jamás pensados.

Versos que ciñan la rima a un cuerpo de piel temprana,

suficiente y superficie para poderle escupir

cada mañana.

 

 

 

tensión superficial

estoy

 

 

Estar,

esa es la única forma de vida,

no dejar de sentir el dolor desubicado

que te hace biografía;

no la búsqueda de paz que nos robaron,

no el ruego por un descanso, imposible,

sobre las minas de un campo.

 

Dónde un hogar de reposo,

dónde las diosas sin vida, las abatidas,

las tristes, que se derraman porque no pueden jugar…

 

Resistirnos ya es la única salida, y estar,

haber estado y estando,

la única forma de vida.

 

 

estoy

legañas y caballos

 

 

Cuando la fauna sin fe de la montaña

se mete en sus agujeros,

otra sale con legañas en el alma

tras la humedad de los troncos

donde gastó una jornada ocultándose de Dios.

Baja en busca de neones que cuelgan desde las tejas.

La prostituta, es feliz.

Rellena su vientre muerto con narcosis,

rompe posibilidades apretando con las manos,

y paga vidas soñadas con la venta una sola;

papel moneda envolviendo piedras viejas,

rostros que darán a luz sus decepciones

bajo la impúdica falda de las noches.

 

Moribunda de alegría a todas luces

retorciendo los colores de una aguja edulcorada

y autodestruyendo al otro,

rogando por que se muera sin dolores,

para ver si la invidencia trae mejoras.

 

 

 

legañas y caballos

uno solo

 

 

Puedo ser un callejón sin la salida,
una ida en proyección que se va a fundir a negro,
un logro sin celebrar y un ahorro de energías;
sabes bien que estás aquí, sólo si ‘estás’.

Me debo a mis mandamientos:

“No pisarás los pétalos del suelo”.
-[También para gobernantes].
“No acatarás una orden sin justicia”.
-[También para gobernados].
“No esperarás en nadie más allá de sus poderes”.
-[También para ti]. Y.
“Lo que haces hacia afuera, ya no es de tu propiedad”.
-[También para un tú de adentro].

El buen sexo y el amor es hacia fuera,
y la belleza interior -la más visible-,
la única que exagera el extraradio,
cubriendo la capa helada que sonríe
hecha de morales muertas, prostitutas,
que asfixian con sus almohadas la belleza.

Yo te puedo compartir todos mis huecos.
Nada más.

 

 

 

 

 

 

 

 

uno solo

II revolución. Parte uno

 

 

“Otro amante choca contra el universo”.

Segunda Revolución.

Asesino a los mirones para sentarme en sus sillas, me convierto en agujero.
Comulgo con pan de ayer tragando el hálito hiriente de la desesperación,
y me sangran –como a ellos- los refulgentes embustes de la máquina del tiempo
amantando el clasismo,
me revelo a las sonrisas que te rasgan los bolsillos
para que puedas comprar los madrugones y transitar por el cauce
de una vida a bisturí bajo un sombrero de copa;
un sempiterno esconder de bragas sucias
con el tono y el color de los insectos que nos esconden la muerte.

Muerto tú.

Muerta ella.

Muerto él.

Y muertos con los amantes, los poemas de azotea
que hacen mueca en los cristales levantando las enaguas de las niñas.
Grotescos campos de penes con llantas de aleación
son el pasto del gusano de franela que proclama libertades sin costuras,
libertades de verdad, de las que dice la radio,
y donde están esperando a tus billetes
para que las consumamos todos en familia.

Segunda Revolución.

Ya no sentamos las bases, sentimos en base a doctos
que nos narran el poema meando sus tonos ocres para consumo inmediato
y dejando que se duerman por olvido con fecha y caducidad en hojas descoloridas.
Hojas de caducifolia.
Si la segunda es derrota, como lo fue la primera,
prefiero que me acompañes a los bares
y perdamos también ésta por pasarles cuanto antes el testigo a los que vengan,

y que a la de tres,

se mueran.

 

 

 

 

 

 

II revolución. Parte uno