el tiempo, es de la muerte

 

 

Son los que apenas dudan de las cosas, ellos son los que bajan

a beber al río

en el que las bestias buscan la sombra de algunos dioses

que engrasen la maquinaria para que el tiempo no cese.

Y hay una pelota nueva hecha de trapos,

y de vidas y de dudas que malviven

dentro de los aparatos;

son los juguetes rotos con los que matan el tiempo entre engranajes.

Y los niños dan patadas al balón de nuestros trapos,

no les importa vivir

sobre las líneas de cal, aun sabiendo,

que es el tiempo de los nuestros el que pisan,

y aún sin saber que su vida

son sus juegos inocentes ya hechos viejos.

 

 

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el tiempo, es de la muerte

crecer y morir

 

 

Asimilar la desdicha es alimento,

nutrientes para la rabia;

la frustración de la no pertenencia,

la fuga constante de hogares que huelen a pan,

a mujer herida, y a pañal.

Una silueta de papel entre los dos vacíos,

el de piel adentro, el de piel afuera,

la transparencia a los ojos de nadie.

Caminar pisando tiempo y dejando pasar vida,

para que al final la muerte

se lleve en las manos nada.

 

 

 

crecer y morir

línea de vida

Es muy posible que tuviera que comenzar este poema, diciendo que ‘lo siento’.
Lo siento.

Tan sólo me queda tener
bolígrafos siempre encima, y siempre,
siempre por siempre jamás,
esconderme en un rincón,
sacar a la niña interior,
y mirarme desde lejos
a los ojos, y entre hormigas.

Cada uno es poesía como puede.

Primero leo y conecto -poesía-
con ese azul, que Degas,
usó para tus tristezas
tras la tela corroída.
Arte, que me sienta bases que nunca aplacan la ira.

Luego viene, por la espalda, casi todo lo demás…,
y la sexualidad complicada.
La primera vez, en vida,
que me enamoro de algo de verdad,
es físico-nuclear y no podemos atarlo.

Lo demás, el escaparme del tiesto,
la rabia, por desear lo que no llega,
las lágrimas, por no ver
tantas señales que no quiero mirar;
son nada más que el abono
para un campo de exterminio.

Humanidades.
Celos de vulgar poeta.
Temor, porque ya mi alma no conecta con las flores,
y no pudiendo gritarte esa belleza,
me queda nada que dar;
nada que yo pueda darte,
porque no tengo más nada
que agujeros.

Jamás comprenderás cuánto
(cómo, dónde, desde, y entre)
compartiría mis huecos
amamantando tu alma
con la forma de un te amo.

Ni urge que lo comprendas.

 

 

 

 

línea de vida

el lado oscuro

 

 

Es esta puta ciudad, y sus coños con los líquidos neones
follándose a cada muerto con una inyección letal,
violación cada noche por penes de buen tallaje
que lanzarán los birretes al terminar de correr,
caza mayor programada,
trileros cambiando madres por mujeres;
no aprenden a programar sus lavadoras,
no intentan hacerse nunca de comer,
mejor pagan con dinero y posición a sus esclavas
proclamando cuánto aman a sus muebles
y asegurando cajones donde guardar su camada.

Deformidades que estallan juventud,
simulacros de persona que no saben hacer camas…,
me da pena que princesas tan hermosas,
se metan en bocas muertas que gritan por la mañana
la posición del tablero en vidas de folletín.
Ya nadie sabe volar, nadie desnuda su cuerpo
sin tener suelos flotantes y calefacción central.

Las putas no son lo que eran.

 

 

 

 

 

 

el lado oscuro

llorarte a cuadros. [oil on canvas]

 

 

Sí. Tú.

Sabes lo que yo te siento aún con deseo ferviente de que no quieras sentirlo,

un océano de sexos nos separa en continentes quemados

por olvidos en tu vida por delante, y por todos mis finales

que ponen a mi esqueleto a llorarte por el cuerpo como un padre putativo.

 

No habrá segunda venida. No habrá segunda venida

porque Cristo se quedó crucificado en papel de pergamino,

no obtendré la salvación que me da poder amarte,

ni jugaré entre tus muslos,

ni podré lavarte el pelo,

ni te sacaré sonrisas por debajo de la falda.

 

Lloro por todas tus pieles que jamás vas a poner a mi recaudo,

y lloro sintiendo poemas clavarse entre mis costillas

empujados por tu voz de niña buena.

 

 

 

 

llorarte a cuadros. [oil on canvas]

niña mía

 

 

Ni contigo ni sintiendo.

Tu luz me ata al vacío, atándome sus seis cuerdas en el plexo,

tú ya no pones acordes sobre ellas, y mi canto

es un grito de agonía que pone todo perdido.

 

Siento cómo tiembla el suelo de este puto bar vacío.

 

Quedó el desperdicio humano,

y cuanto más me confieso, más me follará el pecado;

es amor sin gravedad que flotando a media altura

sabe hacerme felaciones sin que se manchen mis botas.

 

Tengo orgasmos y eyaculo sin tenerte, aunque te llevo conmigo.

 

Nadie ha visto el brillo puro de agua triste e infinita

en los ojos de una niña que ha consumido heroína.

Nadie sabe que es morirse de un disparo,

no hay un libro que lo explique…

Me mató porque era mía, y porque yo la maté

compartiéndole mi vida.

 

 

 

 

niña mía