tempus fugit [poema pretencioso]

 

 

Mira aquel punto fijo, es un final
o un aparte, quizá
das lo mismo
y lo mismo es nada
cuando te miro tras él.

Perecer no nos hace duraderos,
finalizar banaliza la gravedad que nos une a la tierra, y tú,
escondida en un punto final que asesina a mi escritura;
matas las ganas, matas las letras, matas las musas, y a mí

¿qué me dejas?

Un oscuro punto fijo del que sólo sale luz si te tumbas a mi lado,
una flor, en peligro de extinción, que me llevará hasta allí
para clavarme en la cruz, en el cruce de caminos,
dejándome verla seguir
mientras me salgo de plano.

 

 

 

 

 

Anuncios
tempus fugit [poema pretencioso]

siria

 

 

El amor vuela en el aire con la triste aleación*

de atravesar a cualquiera,

se parece a la metralla de vivir en tierra santa:

“Amor adiós que saluda”;

sentimientos dando espalda a los más íntegros zagales;

a niños, con agujeros en el alma

que sangran viscosamente como el magma de la tierra.

 

La vida sepulta a cientos

bajo las piedras que observan -hacia arriba-,

preciosas puestas de sol;

mil arcadas, se apuntalan en el oro de una arena,

vomitando bajo el suelo

acueductos de Segovia en cualquier playa.

 

*de aleatorio, aleatoriedad.

 

“…no nos importas tres mierdas porque somos veganos.
No deseamos la muerte a seres vivos que jamás vamos a ver
y nos llenamos de dogmas feministas los bolsillos
mientras dejamos fregar a nuestras madres
los platos, que hacemos santos, con cerámica social”.
-¿Cuántas arcadas tiene un acueducto?-

_alfeeler 

 

 

 

 

 

siria

estoy

 

 

Estar,

esa es la única forma de vida,

no dejar de sentir el dolor desubicado

que te hace biografía;

no la búsqueda de paz que nos robaron,

no el ruego por un descanso, imposible,

sobre las minas de un campo.

 

Dónde un hogar de reposo,

dónde las diosas sin vida, las abatidas,

las tristes, que se derraman porque no pueden jugar…

 

Resistirnos ya es la única salida, y estar,

haber estado y estando,

la única forma de vida.

 

 

estoy

pienso

 

 

Cada vez que me atreva a insultar a un poema,

que sea por desear lo que no puedo;

por ser la mañana después,

y correrme como el rimmel de sus ojos.

 

Pienso que la belleza, siempre, es por defecto,

que hay amor a pies juntillas

entre el coche y el andén;

hazme un hueco en lo pequeño, cuanto más negro mejor,

y que pueda verte cerca con la lengua.

 

Pienso en tu sabor a elástico en las ingles,

en amarte, en la lengua dialecto de las madres,

en lamerte la palabra que llevas escrita en braille

y esperar bajo la cama,

a que me acerques las cosas de las cosas.

Arrima un pájaro muerto

que es la ofrenda de tus gatos;

dame cabezas de yo, goteando en la bandeja,

y después,

cuando resuene la puerta

y quede tu olor a nada;

podrás llevarte otras tantas,

como hacen las personas que me importan.

 

 

 

 

 

 

pienso

inviable

 

 

Suelo palpar masturbando la parte del ‘sentimiento’,
porque a mí ya no me empalma la parte más terrenal.
Yo creo que soy un muerto, por eso no tengo par.
Si camino por la calle, a mí nadie ya me ve, a mí nadie ya me mira,
sólo se ve mi esqueleto arrastrando un par de botas
que todavía están sucias con el polvo de la muerte sorpresiva.

Nada bonito de ver, es una nube de humo
atrapada entre los huesos que me impide la expansión
y el fluir entre las nubes;
sobre las olas del mar;
o soplando hasta enfriar la liquidez
que va a rodar por mejillas diferentes.

Llevo el beso que te impone no ser nunca lo que esperan.
Como escopeta de caña, no estoy hecho
para guerras de poder ni sumisión.
La muerte reside en campos de exterminio donde disparan rebajas a los pies,
y aunque nos demos la mano lo vulgar nos va a morder
para no ser nunca más los de aquel lecho marino;
muerta quedó la sirena, muertas quedaron mis manos.

Prostituta indecisión la que pone en la balanza
el cariño costumbrista de no querer vivir solo.
Prostituta -y de las caras-,
la vida con las pistolas del sentir que te va robando balas
mientras diluye existencias entre páginas de libros
que jamás van a poner lo que imaginas;
sobrevaloramos sangre si está teñida de azul
y creemos que es manjar comer perdices.

Mi vida nunca es así, por eso soy el culpable de esos daños,
porque nada crece igual en dos tierras diferentes
y yo me voy escorando a lo imposible.
Nunca lo hago por traición porque camino de espaldas,
y nunca ha sido queriendo,
aunque vivir siendo un muerto casi obligue a tropezar.

 

 

 

 

 

 

inviable

El imbécil

 

 

El perfecto imbécil ama mucho. El hecho de ser imbécil
le discapacita para vivir en pareja y no sabe acumular
ningún bien que compartir. Sólo ama, ama mucho a cada planta,
a la mosca que se posa en el mantel, mientras toma su café
y comparte los granitos del azúcar;
quisiera poder cogerle las manitas y frotarlas
como si fuese su amiga…

Siempre sueña masturbar a sus orquídeas
y escribe sus tonterías. Si camina sobre el suelo,
sus muñones se le clavan porque carece de pies;
debe de echar a volar y lloveros desde arriba de su nube
por no poderse enraizarse en buena tierra.

No le faltan los motivos, siendo así, para amar a cada flor
y para no querer arrancarlas de su suelo;
no le regales un ramo porque llorará si ve cómo menguan
sus colores separados de la tierra -como él-.

Él es el perfecto imbécil.

No puedes contar con él porque no sabe de números romanos,
cuenta el tiempo en sentimientos y llora
por nimiedades a las que les ve belleza,
jamás va a llorar por nada que solamente le duela.

El imbécil no se dobla aunque le escupan la cara,
y no porque sea un valiente,
sino porque no es capaz de soportar a la gente que no entiende,
y como aprendió del arte, se revela.

Ten claro que es un imbécil,
no se te ocurra tratarle como si fuera normal.

 

 

 

El imbécil

revolución

 

 

Me he traicionado a mí mismo,

me acurruqué antes de ayer sobre el frío descansillo, y cuando

quedé dormido, me cambié la cerradura.

 

Me escuché deambular por el pasillo, me rogaba

que me abriera sin encontrar la respuesta a las plegarias;

yo sé que estoy ahí adentro, cabrón, me dejas a la intemperie

mientras juegas a ordenar la habitación.

 

Tiraré la puerta abajo, me dejé tres sueños rotos

metidos en un cajón de la mesilla,

y no pienso respirar si no los tengo.

 

Tú quédate con la tele, nada quiero ya de mí,

salvo firmar los papeles del divorcio;

es el yo de más adentro el que se ha quedado solo

y ha decidido vivir en la zona de ese aquel que siempre fui.

Intocable bajo el suelo.

 

 

 

 

 

 

revolución