por qué yo

 

¿Cada cuánto tiempo, un pez,

abre la boca
sintiendo
que ya no hay agua?

Cuánto peso, en realidad,
podríamos conservar,
como la gente feliz,
mientras  jugamos callados
a los pies del Fujiyama.

Morir viendo a las hormigas tan de cerca
que forman parte del cuerpo cuando colgamos de ramas,

y el asfalto es tan gris
que no quiero pisar sus escamas,
que me aleja de sirenas que no suenan
y a poco sabe el perfil;

verte con esas tijeras,
situó mi triste vida
pendiente de las fronteras.

Nada importo cuando no tengo importancia,
me sacaste del tablero
el día en que pude ver
tu sexo sobre el damero.

Qué más todo,
qué más da,

si confundo con mis canas
y tus manos no conservan

ni mi tiempo

ni tus ganas.

 

 

 

 

 

 

por qué yo

eh

 

Eh, tú, soy yo;

un traidor embustero y desarmado,

enemigo de mi infancia femenina,

anudador de muñecas, matarife

del sentido coetáneo de la vida;

pongamos las flores muertas en lugares preeminentes,

ellas lo comprenden todo con la punta de sus dedos

y el tiempo se va perdiendo.

Eras como una ensenada, viscosa, negra y oscura

donde nada me creció comiendo luz.

De repente, ya me hice mayor.

De repente te hiciste mujer con los ojos oscuros,

con tristura, hecha raíces en el iris.

La pubertad del cadáver de la vida, o te mata, o te enternece;

hay vacío en el poder contra tu querer vacío,

sentimientos peleando en estancias separadas,

inconexos,

oblongos,

perdidos;

derramando suciedad bajo la penas

y escupiéndome los Diegos a todo lo que te digo.

 

 

 

 

eh

tensión superficial

 

 

Barricadas en las sendas de elefantes,

policías en los quicios de las puertas. Te necesito

como superficie

para poder darle brillo a las nostalgias;

porque tú crees ser mala,

porque tú quieres ser mala,

olvidarte de carreras,

trabajar en algún bar y amarte contra cualquiera.

La vida siempre está a oscuras,

los gritos de árbol talado y el insecto que dormita por el día

te van a dejar muy sola, nadie quiere soportar

ser la luz que te alimenta; pocos te saben tan nada,

tan vegetal cuando miras

con la espalda engalanada.

En las plantas de los pies está tu fondo

sintetizando la luz para tocar con tus flores

los versos jamás pensados.

Versos que ciñan la rima a un cuerpo de piel temprana,

suficiente y superficie para poderle escupir

cada mañana.

 

 

 

tensión superficial

la copa y la despedida

 

 

Te estás convirtiendo

en la copa de un árbol.

Una bella, la distante, una extraña ya lejana,

ignorante de la hormiga

que admira todas tus ramas,

aun cuando trepa tus muslos,

sabiendo que no hay mañana.

 

Continuará, probablemente,

porque el cerebro no le va a servir de nada,

porque no intuye posible retirada

y porque ningún insecto

se va a cansar de tu alma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

la copa y la despedida

Tiempos de cólera oscura.

 

Las mujeres como tú son siempre tú,

y yo te miro, consciente de que observando tus ramas

el bosque se difumina;

cada árbol, cada hierba, cada hoja, que respira,

va laminando mi carne con su filo, despojando de esqueleto

al ser insecto, al tiempo que

la grisura que devuelves, empuja mi no presencia

hasta una tumba.

Me cantarás cada noche,

y lágrimas afiladas clavarán mi seca piel de pergamino

tensada sobre los corchos que

han salido de arrancarle la corteza a otros amantes.

Y tú escribirás AMOR con púrpura y con un palo.

 

Tiempos de cólera oscura.

 

Árbol que exhala su muerte sujeto por las raíces donde respiran la mías;

sólo trepa humanidad por ese tronco: formaciones de negras obreras

custodiadas por cabezas de vigía,

hormigueos en el alma que me explotan en los ojos

entre orgasmos violentos;

nada llega hasta tus manos si tiene huesos o pies,

y jamás serán los míos; nada deja que

me acerque más allá de la distancia

que me permita leer

muerto sobre la hojarasca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tiempos de cólera oscura.

plegarias

 

 

Una habitación bañada

con un luminoso fucsia, de neón,

huele a hierba

cuando sueltas tu melena.

*

Si mi tendencia es a cero,

es porque en dígitos largos

que mueven casas y coches,

no encuentro nunca a las ninfas

que desprenden tus colores;

no llego a tocar el cielo

si no puedo ser redondo

para enredar mis plegarias en tu pelo.

*

Poco importa que no mires a tu espalda,

ya me tienes anudado a la cintura,

y voy a estar vigilando tus tobillos

por si una tarde cayeras,

meterme entre tus dos muslos

y romperte la salud y los esquemas;

los enfermos nunca eluden su condena

y la fiebre que se trenza entre mis piernas

sólo la cura tu olor a primavera.

*

Es igual dónde repose tu cabeza,

en cuanto besa tu pelo entre los dedos

me da igual que seas tú

vestida de otra cualquiera.

Quiero desear tu cuerpo como si en realidad tú

quisieras mis poemas,

descansar mis erecciones en tu vientre y

condenarme a morir, en ese sueño,

en el que rozo

tu mejilla

con las yemas.

*

¿Que llevo las de perder?

¿Por qué no abrimos la verja?

 

plegarias