volver

 

 

Cuanta nada se aproxima. Me he construido un refugio.
Tengo vino en la cabeza desde el día en que te fuiste

He llegado a lo hidrófugo sentimental y llegado hasta ese punto, me volví;
cerré la llave de paso y volvieron los obtusos sentimientos cubiertos de arena y mar,
ya pueden doler de nuevo como vírgenes sangrando en mataderos,
se puede crecer con ellos,
puedes hacerlos crecerte y habitar en donde antes,
suponer la cara oculta de tus muslos,
lamer, tu plexo solar
haciendo brillos de nácar en el fondo de un cañón entre tus pechos,

oh, tarro de las esencias,
ninfa de color avena
de encías, que si las chupo, aún tienen sabor a fresa;

anhelo saber amarte por la tarde
en la franja donde yacen los insectos
y donde nunca uno de ellos
ha muerto por ser amante.

 

 

 

 

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volver

dónde iré

 

 

me pierdo,

y lloro caminando mientras me busco,

y siempre que me encuentro, es solo;

 

suena triste porque siempre suena a mismo,

siempre esperando, en el fondo,

de pie y en la barra de un bar

a que se haga algo de luz

en este oscuro yo mismo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

dónde iré

entiendo

 

 

Entiendo que yo no te guste;
entiende:
tú a mí, tampocos.

 

Ya no sé nada de ti porque sólo eres la venta;
te dibujas como nubes de algodón
siendo carne necrosable
como la náufraga grasa
que sin nombre propio flota, a la deriva;

manchas la océana mar
en discretos lunarcillos de color.

Sabes tan poco de mí,
que despejas las incógnitas más frías

dando puntapiés con rabia

mientras rezas               por que te abran               las cancelas.

 

 

 

 

entiendo

segmento

 

 

Siempre eres septiembre,
libros con un forro nuevo,
diademas en el pelo
y habitaciones con gente que no quiero;
siempre eres tú sonriendo,
una y otra vez septiembre, curso nuevo
con los árboles desnudos que se yerguen
sobre un pasado alfombrado de hojas muertas;
hojas que ya están escritas
pintando un mar de esqueletos sobre el miedo.

Juegas a ser comienzo nuevo,
lugar virgen tras un nuevo terremoto,
una cara diferente de una única moneda,
o quizá soy yo,
que me voy imaginando vidas
siguiendo el rastro de algo
que nunca he querido ser.

 

 

 

 

segmento

egoísta

 

 

Cada cuánto espacio se gesta un conjunto vacío,
cuántas veces quince me vas a caber,
cuánto tiempo muerto
hasta que yo aprenda a saber explicarte.

Y tú quién eres.

El tiempo metido en espacio no consigue tener forma en el vacío;
por eso es que necesito tus colores,
para romperte         por fin
a llorar todo el cariño que me infringes
mientras yo canto en tu nombre, trenzado en cuerdas vocales,
tonos de tus sentimientos
que apaguen trescientos míos.

Quiero ser un cuerpo extraño
y que me infectes luchando
con las manos enojadas.

Quiero extrañarte en mi cuerpo,
y hacer del tuyo un objeto
para abrirme bien por dentro.

Ofréndame un tono de ti donde yo pueda escupir
hasta que me digas tú       de qué color.

 

EGOs

 

uno

dos

 

 

egoísta

estética

 

 

Jamás hubo nada más bello

que la soledad de una flor silvestre en un campo de minas;

ni las cromáticas ondas

que dibujan paisajistas holandeses

con cientos de tulipanes de colores,

ni la bulliciosa huída

de la colonia de hormigas

en busca del alimento de la vida.

 

Nadie pudo poner precio a la belleza.

 

Si ningún surrealista

la ultraja sobre la tela de su obra,

no podrá marchante alguno

tasar lo que no se pinta.

Muere sola, la belleza,
vive sola en compañía.

 

 

 

 

 

 

estética

una vez solo

 

 

Sólo una vez solo.

Una vez.

Una, que es la misma zorra todo el tiempo.

Como árbol repetido a velocidad uniformemente acelerada;
como fecunda cadena que a veces me deja espacio para algo
y le intercalo tus bragas,        azul,        cielo.

Vengo de una orilla donde el mundo es cereal,
dispuesto a ver en tu espalda
la distancia dibujada de un pasillo
y deseando el placer de no tocarte.

Nunca estás porque no lo necesitas,
y yo ya no soy poeta
para jugar a arrancarte

las sonrisas.

 

 

 

 

 

 

una vez solo