eh

 

Eh, tú, soy yo;

un traidor embustero y desarmado,

enemigo de mi infancia femenina,

anudador de muñecas, matarife

del sentido coetáneo de la vida;

pongamos las flores muertas en lugares preeminentes,

ellas lo comprenden todo con la punta de sus dedos

y el tiempo se va perdiendo.

Eras como una ensenada, viscosa, negra y oscura

donde nada me creció comiendo luz.

De repente, ya me hice mayor.

De repente te hiciste mujer con los ojos oscuros,

con tristura, hecha raíces en el iris.

La pubertad del cadáver de la vida, o te mata, o te enternece;

hay vacío en el poder contra tu querer vacío,

sentimientos peleando en estancias separadas,

inconexos,

oblongos,

perdidos;

derramando suciedad bajo la penas

y escupiéndome los Diegos a todo lo que te digo.

 

 

 

 

eh

Tiempos de cólera oscura.

 

Las mujeres como tú son siempre tú,

y yo te miro, consciente de que observando tus ramas

el bosque se difumina;

cada árbol, cada hierba, cada hoja, que respira,

va laminando mi carne con su filo, despojando de esqueleto

al ser insecto, al tiempo que

la grisura que devuelves, empuja mi no presencia

hasta una tumba.

Me cantarás cada noche,

y lágrimas afiladas clavarán mi seca piel de pergamino

tensada sobre los corchos que

han salido de arrancarle la corteza a otros amantes.

Y tú escribirás AMOR con púrpura y con un palo.

 

Tiempos de cólera oscura.

 

Árbol que exhala su muerte sujeto por las raíces donde respiran la mías;

sólo trepa humanidad por ese tronco: formaciones de negras obreras

custodiadas por cabezas de vigía,

hormigueos en el alma que me explotan en los ojos

entre orgasmos violentos;

nada llega hasta tus manos si tiene huesos o pies,

y jamás serán los míos; nada deja que

me acerque más allá de la distancia

que me permita leer

muerto sobre la hojarasca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tiempos de cólera oscura.

valor, se le supone

 

 

Amor atado a una silla con dos nudos de garganta,

se filtra entre las costillas

para morir en tu alfombra,

dejando manchas de un ser que te desea.

Confieso que amo esa voz;

que me hago orgasmo en la mano,

y que el menguante sentido de la vida,

carece entonces de él.

 

La muerte entre los dos muslos mientras la tristeza sea,

licor de las flores raras, que se secan,

sentimientos escupidos en tus letras…

 

Luego bebo una cerveza, y te leo, si estás quieta,

llorando por ese orgasmo que te guardas en la lengua,

mientras follo pensamientos con el color de tus bragas,

que tan a poco me saben, siendo más, de lo que llega.

 

 

 

 

 

 

 

valor, se le supone

pura

 

 

La fresa se deshilacha y yo te espero,
todo parece normal si lo miro desde lejos.
Tu cuerpo es punto de fuga;
estoy seguro de amarte
porque siento ese vacío;
porque el tiempo no es la carne,
y el espacio entre dos puntos, es los puntos.

Realismo maleable que me lleva a ser niñez en la maceta,
mi sexo no tiene sexo cuando sana las heridas,
cuando te recojo el pelo,
cuando hidrato mis pellejos con el aire de tu voz…,
yo seguiré levantado, por si un día
se te ocurriera abrazarme.

Ojalá no tuvieras un cuerpo,
ni un tiempo,
ni un sexo…,
ojalá poder amarte desde un tiesto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

pura

sumisión

 

 

Y el amor.
Amarla es lo que me arrastra de los pelos,
me pongo bajo sus pies, y se ve enorme,
no me he traído las gafas, no consigo ver sus bragas,
y pregunto a las hormigas ¿qué hago aquí?

Para qué tanto arrastrarse si no voy a mejorar lo que ya soy;
y qué me va a gotear desde el balcón de Julieta
si es amor lo que me empuja
para recibir su nada.

Nada tendido en los hilos,
la ropa interior guardada,
mis trozos en la mesilla
y un orgasmo bien fingido
cuando pisando colillas
se masturba.

Sí mi amor.

 

 

 

 

 

 

 

sumisión

la huida

 

 

Esta inmensidad del mundo

se ciñe bien a mi cuello

con el doble nudo Windsor que da el miedo.

La libertad se hace clima que no puedo controlar,

se hace mar, que como espejo, me cautiva y me sonríe

frotándose las patitas al ritmo de las cien moscas que desovan en un pez;

esperará a que me aleje para romperme a tormentas.

De qué sirve una avenida interminable

si no puedo replegarme, como un feto,

para descifrar la vida palpando en una baldosa.

 

La salida de emergencia es hacia adentro.

 

 

 

 

 

la huida

línea de vida

Es muy posible que tuviera que comenzar este poema, diciendo que ‘lo siento’.
Lo siento.

Tan sólo me queda tener
bolígrafos siempre encima, y siempre,
siempre por siempre jamás,
esconderme en un rincón,
sacar a la niña interior,
y mirarme desde lejos
a los ojos, y entre hormigas.

Cada uno es poesía como puede.

Primero leo y conecto -poesía-
con ese azul, que Degas,
usó para tus tristezas
tras la tela corroída.
Arte, que me sienta bases que nunca aplacan la ira.

Luego viene, por la espalda, casi todo lo demás…,
y la sexualidad complicada.
La primera vez, en vida,
que me enamoro de algo de verdad,
es físico-nuclear y no podemos atarlo.

Lo demás, el escaparme del tiesto,
la rabia, por desear lo que no llega,
las lágrimas, por no ver
tantas señales que no quiero mirar;
son nada más que el abono
para un campo de exterminio.

Humanidades.
Celos de vulgar poeta.
Temor, porque ya mi alma no conecta con las flores,
y no pudiendo gritarte esa belleza,
me queda nada que dar;
nada que yo pueda darte,
porque no tengo más nada
que agujeros.

Jamás comprenderás cuánto
(cómo, dónde, desde, y entre)
compartiría mis huecos
amamantando tu alma
con la forma de un te amo.

Ni urge que lo comprendas.

 

 

 

 

línea de vida