tempus fugit [poema pretencioso]

 

 

Mira aquel punto fijo, es un final
o un aparte, quizá
das lo mismo
y lo mismo es nada
cuando te miro tras él.

Perecer no nos hace duraderos,
finalizar banaliza la gravedad que nos une a la tierra, y tú,
escondida en un punto final que asesina a mi escritura;
matas las ganas, matas las letras, matas las musas, y a mí

¿qué me dejas?

Un oscuro punto fijo del que sólo sale luz si te tumbas a mi lado,
una flor, en peligro de extinción, que me llevará hasta allí
para clavarme en la cruz, en el cruce de caminos,
dejándome verla seguir
mientras me salgo de plano.

 

 

 

 

 

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tempus fugit [poema pretencioso]

el tiempo, es de la muerte

 

 

Son los que apenas dudan de las cosas, ellos son los que bajan

a beber al río

en el que las bestias buscan la sombra de algunos dioses

que engrasen la maquinaria para que el tiempo no cese.

Y hay una pelota nueva hecha de trapos,

y de vidas y de dudas que malviven

dentro de los aparatos;

son los juguetes rotos con los que matan el tiempo entre engranajes.

Y los niños dan patadas al balón de nuestros trapos,

no les importa vivir

sobre las líneas de cal, aun sabiendo,

que es el tiempo de los nuestros el que pisan,

y aún sin saber que su vida

son sus juegos inocentes ya hechos viejos.

 

 

el tiempo, es de la muerte

_mil pedazos #poema

 

Qué hermosa me parece la imagen de una calavera con el corazón a trozos, unido a una costilla por el hilo de un chicle de fresa. Para no perderlo -del todo- jamás.
Para no dejar de amar a trozos, porque cuantos más pedazos tienes, más cosas puedes amar y con muchas más aristas. Es todo cuestión de tiempos.

 

Mil veces, perder la cabeza.

Mil veces, la muerte de pena.

Mil veces, amar pudiera.

Mil, poder volar quisiera por huecos de tragaluz.

La meta de los suicidas eres tú,

y es el suelo:  ‘estar jodido‘…,

y el cielo es tu paladar.

Escóndeme los cuchillos metiéndolos entre flores.

Todo cuadra. Lo de ayer, y lo de hoy. Y soy ‘suelo estar jodido’.

 

_mil pedazos #poema

_lugares

 

Me gusta tanto viajar. Enseña tanto de lo importante de la vida el viajar. No hablo de hacer kilómetros y dejarse pixelar en los sitios conocidos; los lugares viven dentro de las personas. He viajado a Somalia desde una triste habitación donde seis personas comían con las manos. Pero estaba en Cullera. Sé como son las cicatrices de un niño de la guerra, sé como huyó, sé como cruzó los mares y vivió en el Barrio Rojo cambiando bolas por euros. Sé escuchar y me puedo imaginar en su pellejo. Sé lo que puede hacer un gitano, por pura fidelidad, aunque sea con un payo al que nunca le ha fiado una papela. Se trata de conectar, de ver el alma, de vivir por un instante entre sus carnes, y de saber escucharles. Cualquiera puede sentir eso, si es de verdad. Sienten que les escuchas y eso es un hogar. Cada persona son mil lugares. Cada vivencia es un viaje, si, y sólo si, seas de dónde seas, puedes tocarle el alma a quien la tiene. Yo he visto más almas en las periferias de la vida que en el epicentro de las calefacciones centrales de Enero y los aires acondicionados del verano.

Luego está el cambiar de lugar. Eso cambia el decorado. Empezar una y cien veces desde nada, para alcanzar el poder presumir de marginado. Cada día es un viaje si no haces lo mismo que ayer. Se trata –pienso yo- de sentirlo diferente, de conocer a alguien diferente, de charlar con un sin techo, de subirte en los columpios hasta que se rían de ti, de no preocuparte mucho de si vas muy bien peinado. No sé, no doy consejos, pero os prometo que me siento afortunado. Veo paisajes siempre que me los cruzo. También los vi en otros países, y en bastantes lugares del mío propio. Aun en el peor de los barrios y aun en la peor de las vidas, esas que ni tan sólo quisieras tener o haber tenido, deberíamos de ir jamás sin la mochila del alma lista y la capacidad de observar cada ‘paisaje’.

Soy triste porque en general el mundo y la vida me parecen lugares hostiles, pero doy gracias por mi capacidad de curiosear los interiores; eso me hace amar casi cualquier cosa bella, y por ende, el arte o lo que cuentan en los libros personas con universos que yo surco desde aquí. O desde allí. O desde donde cojones estés.

Si alguna vez he deseado estar muerto –que puede ser-, en el fondo fue por puras ganas de vivir.

 

 

 

_lugares

_irme #poema #poesía

 

 

No quiero hacerte real por si acaso decepcionas,

yo tengo la convicción

de que el golpe que me diste

me ha marcado de por vida

y aunque te vistas de otra

te puedo reconocer.

 

Quiero marcharme a buscar algún país

donde el tiempo no caduque a las personas que necesitan vivir,

donde nadie vea mal

que el amor hecho pedazos,

pueda llegar a invadir a mucha gente,

donde nada sea mío y lo que tenga es porque vuelve,

donde la única cosa que funcione,

sea el empatizar con las carencias,

donde me dejen amar a quien yo quiera y no me cierren la puerta a lo demás…

 

Sé que ese país no existe,

sé que se puede pensar

que como el tiempo que pasa

no me blanquea las sienes,

el desear compartir sin condiciones

y salpicar la belleza con amor,

se traduzca en el lenguaje de un spot,

y el viejo lobo feroz

se haga patético y burdo

como quien pierde las babas

imaginando follar a quien no puede.

Quiero encontrar el país dónde me dejen en paz,

donde no confunda amar con poseer,

donde por tener mil vidas

no se dé ya por sentado,

que bajo una barriga gris y temblorosa,

no hay nada más que una polla que se relame al pensar en una amada

como en la muesca que esculpe un forajido

en la pared de su cuarto.

Un lugar donde se quieran las personas.

_irme #poema #poesía

_quince días #prose

 

_y quién cojones le va a disparar al Kraken?

 

En cuanto subí en el coche con mis padres tras el evento, dejé caer una frase al suelo al mismo tiempo que cerraba violentamente mi puerta. Había ‘algo’ que me irritaba.

-“Quiero estar quince días sin hacer nada”. Fue mi petición.

-Bueno, me parece bien –dijo el jefe. Tómate unos días y luego vemos de organizar una importación y…

-Quince –le corté- quince días y vuelvo al trabajo.

 

El programa de rehabilitación había sido intenso; tan intenso que casi me ayudó a conocerme un poco más. Las partes blandas las reconocí enseguida con las terapias.
A la primera.
Aunque la carcasa de la pieza (lo más en contacto con el exterior), siguió sin encontrar un tablero con el hueco donde cupieran bien sus formas; su vida, su futuro, su familia (si es que un día la tenía).
Mi padre no entendía nada. Me observaba a diario fregando los platos en la cocina y escupía siempre la misma frase que se quedaba revoloteando a media altura sobre nuestras cabezas:

‘Con la cantidad de trabajo que hay en la fábrica’.

Yo solía responderle:

‘Con la cantidad de niños que pasan hambre en el mundo’.

Las dos frases se batían como aviones plateados bajo el cielo nuboso de la cocina.
Nadie se abatía en esa escaramuza pero era una guerra eléctrica que hacía de la estancia un lugar irrespirable y mucho más punzante. Nunca entendió nada.
Nunca entendió por qué yo.
‘¿Y por qué no?’ –pensaba yo al observar sus nieves.

Era evidente que con un año y medio de disciplina de manada ya se había recompuesto el muñeco; yo ya volvía a ser uno más aunque el ‘meneo’ al interior al que fui sometido durante la terapia, me supuso una traba para elegir después una vida acomodada.
Me conocí un poco más.

Durante los siguientes quince días me limité a fumar cigarrillos y a leer la prensa en terracitas de verano. Me metí directamente entre dos líneas verticales (una lo era cóncava y la otra lo era convexa), y volaba dentro de un vaso de cerveza. Todo en esos días era como una densa espuma blanca; burbujitas de cebada que ciegan las entrepiernas con suaves tonos dorados. No quería pensar y mucho menos en el futuro. No era miedo.

Dentro de aquella alambrada de carácter vertical la temperatura era agradable por ser una tierra de nadie; yo no quería futuro, el pasado quedó lejos y la vida que me entraba cuando corría el visillo de la duda, era grisácea y con formas de espiral que soterraba sus extremos; nada que tenga color ni que excitara mis manos.
La canica enquistada en el fondo del hueco de mi carcasa seguía buscando sitios por donde esconderse. Puta insatisfacción.

Cuando volví a la realidad habían pasado diez meses. Estaba en otra ciudad y había vuelto a tirar por la borda mi futura vida de empresario. No podía soportarla. Preferí buscarme otra más insulsa y acabé repartiendo paquetería con un camión en una ciudad que tampoco era la mía. Comencé otra nueva vida tan inconclusa y sin sentido como las de atrás.

Búsqueda de estalagmitas donde sentar mi trasero. Incomodidad en los hombros con forma de parches de nicotina. Seguir siendo sin ser nada. Vivir por haber vivido.

Observar para aprender.

 

_quince días #prose

_road ‘ma vie’ #poema #poetry

 

Φ

“Tengo una pistola y una chica”

El mundo es nada si lo miras del revés;

la policía bien sabe quién es el bribón,

y tus perfiles son de carne de cañón.

Mete primera,

y sácame

de la autopista que resbala información.

Llevaras las medicinas

donde los perros no puedan relamerse.

Cruzaremos hasta el Este.

Nos follaremos a aquel.

Y seguiremos el camino,

disfrazados con caras de presidentes.

Vamos a robar sus almas,

tengo balas y unas manos de mujer.

Tengo una chica cualquiera

y munición para aprehenderte

en cuanto salgas de tu casa.

Tú sabes cuando vendrán

viendo el polvo que levantan;

no les gustamos a ellos porque no saben tratar la libertad.

Vamos a correr.

Vamos guardar en cajas

lo que una flor nos regala.

Seremos un par de abetos

cuando llegue Navidad,

y cuando apaguen la luz,

nos comeremos en crudo sus presentes.

Φ

_road ‘ma vie’ #poema #poetry