entiendo

 

 

Entiendo que yo no te guste;
entiende:
tú a mí, tampocos.

 

Ya no sé nada de ti porque sólo eres la venta;
te dibujas como nubes de algodón
siendo carne necrosable
como la náufraga grasa
que sin nombre propio flota, a la deriva;

manchas la océana mar
en discretos lunarcillos de color.

Sabes tan poco de mí,
que despejas las incógnitas más frías

dando puntapiés con rabia

mientras rezas               por que te abran               las cancelas.

 

 

 

 

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entiendo

segmento

 

 

Siempre eres septiembre,
libros con un forro nuevo,
diademas en el pelo
y habitaciones con gente que no quiero;
siempre eres tú sonriendo,
una y otra vez septiembre, curso nuevo
con los árboles desnudos que se yerguen
sobre un pasado alfombrado de hojas muertas;
hojas que ya están escritas
pintando un mar de esqueletos sobre el miedo.

Juegas a ser comienzo nuevo,
lugar virgen tras un nuevo terremoto,
una cara diferente de una única moneda,
o quizá soy yo,
que me voy imaginando vidas
siguiendo el rastro de algo
que nunca he querido ser.

 

 

 

 

segmento

una vez solo

 

 

Sólo una vez solo.

Una vez.

Una, que es la misma zorra todo el tiempo.

Como árbol repetido a velocidad uniformemente acelerada;
como fecunda cadena que a veces me deja espacio para algo
y le intercalo tus bragas,        azul,        cielo.

Vengo de una orilla donde el mundo es cereal,
dispuesto a ver en tu espalda
la distancia dibujada de un pasillo
y deseando el placer de no tocarte.

Nunca estás porque no lo necesitas,
y yo ya no soy poeta
para jugar a arrancarte

las sonrisas.

 

 

 

 

 

 

una vez solo

invocable

 

 

Yo te morderé las uñas cuando estés nerviosa,
estaré en cada lugar que tú estés sola,
te echaré de menos y unos cuantos puñados de tierra,
y taparé la tumba que te preparé
cuando los insectos me bailen la muerte.

Era primavera, o quizá no fuera,
pero olía a sexo
y a galán de noche cuando se masturba vestido de flores.

Fui distante del resto del mundo y no me hizo especial;
ser amante de tu reducción,
me hizo aún más pequeño, a los ojos de dios, en el punto final que saltó de un balcón.

Ahora llévame tú y utiliza mis cosas para hacerme sentir en el fondo de todo;
puede que al menos aprenda a rezarte llorando, al final,
hecho carne en más gente vulgar
que sueñe con poder amarte
bajo la piel de ese árbol, que es la vida.

 

 

invocable

yerro

 

El poder hecho impotencia de un deseo,

el querer como un fantasma

que manosea el volante             de la máquina oxidada;

el modus vivendi, carpe diem in veritas

que no lleva nunca bragas bajo falda,

faldas que vuelan cabezas         vuelan todas mis cabezas;

faldas de sábana blanca, que se tensa,

como el pasado que tiene

un objeto secuestrado bajo cama             y los insectos.

 

Dime con quién voy a hablar, si con quien pensé que estaba,

era una blanca pared donde estampaba mis golpes, sin pensar,

y pensando que escuchaba.

 

Amar es también confuso,
con dudas,
con miedos,
soledad y terror que dejan

los errores                      que no evito                               contemplar.

 

 

 

 

 

yerro

rutinas

 

 

Describo círculos excéntricos y los bailo en la Plaza Mayor,

dejo huellas bajo el árbol que filtra la luz del sol

como el insecto que siempre queda en tierra, bajo ella,

o sobre su pubertad;

el pueblo no los verá porque son el holograma de la vida,

se deleitarán cantando lo bello del interior

mientras escupen mentiras con los brillos de un domingo,

maquillados y riendo en las ventanas.

 

Ya trovo por no llorar mientras giran vidas extra,

porque si grito con rabia

es el fin para el recuerdo que a mí me dibuja el sentido,

uno que no se grabó entrepiernas

pero tiene la piel clara y cristalina

y una mirada que brilla

desde el fondo de un pasillo que se esfuma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

rutinas

tonto, simón

 

 

No me gustan las cosas acomodadas. Ni la gente. Aunque bien está decir, que tampoco en la vulgaridad nadie asegura ser salvo.
El riesgo, siempre, es comprar
lo que tratan de venderme, huyo en continuo vaivén tratando de rebotar por las paredes, porque aunque el amor,
sólo existe en el espacio entre dos líneas paralelas, es bueno lamer los polos y ser ambas sensaciones, y una sola. Experimentar es juego.

No tengo los atributos para poder ser un líder, puedes liderar sin serlo apagando las bombillas de pensar. Jamás he sentido a nadie
superior,
lo que no agranda el tamaño de quien mira, sino de quien sabe estar
muy quieto en cada lugar, y diluirse; no admiro a los grandes héroes porque son siempre más grandes que sus cosas, y no trato de aprender de los demás,
cuando lo que han intentado siempre
es enseñarme los brillos que ocultan lo que sabemos que es verdad. No quiero protagonismo. No quiero ser más que nada.
No estoy solo, sé que somos un ejército escondido, porque nadie quiere ser el General. Sólo busco ese último tango en París, y encontrar al amor verdadero.

 

 

 

tonto, simón